Baja 15% la localización de personas desaparecidas

E n lo que va de la actual administración, la localización con y sin vida de las personas que han sido reportadas como desaparecidas en el país ha caído 15.8 por ciento.

Datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) indican que durante el primer año de Gobierno de la actual administración fueron hallados 13 mil 981 individuos.

Esta cifra representó un incremento sustancial del 45.7 por ciento respecto al 2018, último año del gobierno pasado y que concluyó con nueve mil 593 personas localizadas.

Pero al comparar las estadísticas con el 2021, cuando los números llegaron sólo a 11 mil 760 personas halladas, la caída porcentual señalada del 15.8 obedece a estos dos mil 221 localizados menos.

Además, a poco más de tres meses de que este 2022 llegue a su fin, el registro a cargo de la Comisión Nacional de Búsqueda, de la Secretaría de Gobernación, apunta apenas seis mil 616 personas localizadas hasta el domingo pasado.

La semana pasada, la Fiscalía General del estado de Oaxaca dio a conocer el hallazgo de Nancy Hernández, una enfermera en estado de gestación que había sido vista por última vez en la Ciudad de México, pero cuyo cuerpo sin vida fue localizado en la región mixteca oaxaqueña.

Historias como la de Nancy se han repetido para las familias de tres mil 565 personas que también han sido encontradas ya sin vida desde el 2019.

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Con esto, se arroja un promedio de 79 personas encontradas muertas por mes en el país desde entonces, hasta este septiembre.

“Sandra” tiene apenas 23 años de vida, un hijo, una deuda de más de 80 mil pesos que no ve cuándo acabará de pagar y un esposo desaparecido sobre quien algunos, “sin corazón ni tacto”, han dicho que “ya mejor ni lo busque”.

“Mario”, su pareja, cumplió 26 años en julio pasado, lleva casi un año ilocalizado y la principal queja de “Sandra” es que todo sigue igual que el primer día.

Para la joven, la preocupación de no saber qué ha sido del padre de su hijo no es la única, pues para intentar dar con su paradero ha recurrido a préstamos para costear pasajes, trámites, asesorías y “parchar” los gastos que ha implicado intentar mantener en pie la familia que apenas comenzaba a formar con “Mario”.

“Cada día pierdo más la fe de que algún día lo volveré a ver o mi niño. Yo lo busco vivo, pero ya muchos me dicen que mejor ya no me esté mortificando, que a lo mejor ni vivo está y pues eso a mí me duele mucho”, dijo la joven.

Mary Carmen formó parte de la marcha que encabezaron ayer las madres y padres de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

Ella reside en el Estado de México y, aunque ya conoce el paradero de su persona desaparecida, “estar aquí pues me ayuda a seguir protestando por los que aún no han aparecido… Ojalá (que) todos encontraran a los que buscan, pero que no fuera como yo”.

Hace un par de años, contó la mujer, su primo, “casi mi hermano, porque viví muchos años con él y crecimos juntos”, fue localizado sin vida, luego de haber permanecido más de una semana sin ser localizado.

La última ocasión que se supo de él fue a la salida de su trabajo, al oriente del Estado de México. Se despidió de un compañero y tomó el microbús que lo dejaría a unas cuadras del hogar, pero jamás llegó.

“Nunca supimos por qué lo mataron y por qué nos lo dejaron así, tirado. Ya ni a un perro la gente tiene la saña para dejarlo así”, reclamó.

Menores se suman a la búsqueda de familiares

Ante un panorama en el que ya suman 105 mil 662 personas desaparecidas en México, niñas y niños se han sumado a los colectivos de familiares que buscan a sus parientes entre los restos sepultados en las fosas clandestinas que encuentran a su paso por el país.

Un video compartido por el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, durante una acción de búsqueda en Jalisco, mostró en días pasados a varios pequeños de entre ocho y 12 años con pala en mano, excavando la tierra, en una jornada que se extendió cerca de siete horas.

Uno de ellos es “Mateo”, de nueve años, quien busca a su padre, Francisco Heriberto Rincón Hernández, desaparecido el 14 de julio de este año después de haber salido tarde de su trabajo y quedarse a beber cervezas con sus compañeros.

La esposa del hombre desaparecido, “Jaqueline”, cuenta que ella no quería la compañía de su hijo en la jornada de búsqueda, por ser un acto que consideró no apto para niños; sin embargo, la respuesta de “Mateo” fue: “¿Cómo no va a ser un lugar para mí? Si yo puedo ir a buscar a mi papá”.

“Yo veía su desesperación de decir: ‘yo quiero ir’. Estoy tratando de comprender todo esto; es algo fuerte, no era un lugar en el que los niños debieron estar, pero mi hijo quería hacerlo y, desde el día de la búsqueda, él me dice: ‘mamá, ¿cuándo volveremos a ir?’.

“Yo me quedé pensando en cómo estamos preparando a nuestros hijos para buscar a sus padres enterrados; no puedo explicarlo. ¿Cómo está la sociedad, que nosotros los estamos preparando para buscar gente enterrada, a buscar fosas?”, dijo la mujer a La Razón, entre sollozos.

Cecilia Flores, fundadora de la agrupación buscadora, afirmó que la difusión de las imágenes también tiene como objetivo “sensibilizar a las personas que se los llevan (a las personas desaparecidas), porque dejan madres muertas en vida, pero también dejan hijos que lamentablemente son los que más sufren la ausencia”.

Las y los menores observados en las imágenes, dijo Flores Armenta a este medio, son compañeros de escuela, pero también hijos y sobrinos de personas no localizadas en la entidad.

Mientras las madres observaban lo que sus hijos hacían, una pequeña más tomó una pala y comenzó a ayudar, a pesar de que en su familia no les falta alguien.

“Ella se unió, se sensibilizó y empatizó ante lo que estaban haciendo ellos. Lo que estamos mirando en los niños es sensibilidad, hay empatía, lo que no hay en los adultos y en los gobiernos. ¿Cómo puede ser que nos estén poniendo un gran ejemplo estos niños?”, reclamó Cecilia.

La desaparición de uno de los dos padres, refiere la activista, termina por dejar a los hijos en algo parecido a la orfandad, ya que, quien se queda, se ve orillado a emprender la búsqueda del otro y con ello apartarse del círculo familiar para cubrir las carencias, como aumentar su carga de trabajo para llevar comida a casa.

“Fue muy doloroso. Cuántas veces he encontrado a mis nietos, con el patio de mi casa todo el tiempo lleno de hoyos. Yo les pregunto: ‘¿para qué hacen tantos hoyos?’ y me dicen: ‘porque tenemos que buscar a mi tío Marcos’ (uno de los hijos desaparecidos de Cecilia)… Una niña me dice: ‘Mira, encontré una evidencia, porque aquí está blanco y dicen que cuando está blanco es que hay un cuerpo’. Entonces, ¿qué les estamos enseñando a los niños con lo que estamos haciendo?”, relató.

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