El tobogán de Elon Musk: pisotea Twitter, devalúa Tesla y hiere a SpaceX

MILENIO

El multimillonario de empresas digitales, automovilísticas y espaciales, Elon Musk, sacudió al mundo de las finanzas al sorprender con su ofensiva hostil para comprar Twitter por 44 mil millones de dólares. Sobre todo a los dueños de la red social, que súbitamente se descubrieron en vías de ser devorados e intentaron una maniobra defensiva que fracasó. Se vieron forzados a aceptar un cruel destino que parecía inevitable. Pero de pronto Musk se arrepintió.

Y ahora ya son ellos los que le exigen “honrar sus obligaciones” y proseguir con la adquisición, calificando las razones del magnate como pretextos. Mientras las acciones de Twitter cayeron 7 por ciento, Musk deberá enfrentar una demanda por mil millones de dólares.

Scott Galloway, profesor de la Escuela de Negocios de la New York University, estima que en el peor escenario Musk podría ser condenado a pagar hasta 16 mil millones de dólares, la diferencia entre lo que había ofrecido y el valor actual de la red, 28 mil millones.

​En un tweet del 10 de julio, sus 101 millones de seguidores vieron que Elon Musk publicó fotos de sí mismo carcajeándose de la situación porque, según él, ahora Twitter tendrá que entregar en la Corte información que él dice que le negaron. No comentó nada sobre la posibilidad de perder el juicio y el dinero. Como tampoco lo hizo sobre los reportes de que su intento de “salvar Twitter”, como él presentó su jugada, en realidad dañaron gravemente la marca; ni sobre los problemas que se le están acumulando en sus otras compañías, Tesla y Space X. Ni trató el deterioro que todo esto está provocando en su imagen pública.

 
Elon Musk | Reuters

Problemas de once ceros

Según Musk, antes de comprar Twitter él necesitaba tener certeza de cuántas de sus 229 millones de cuentas eran poseídas por gente real y cuántas eran falsas, y no creyó el dato que le dio la red de que estas últimas eran menos de 5 por ciento. Por eso, dijo, no podría continuar con la compra. Twitter lo acusó de haber “montado un espectáculo” y de creer que, “al contrario de cualquier otra persona, él puede cambiar de opinión, pisotear la compañía, subvertir sus operaciones, destruir su valor accionario y marcharse”, y exige que reanude la operación o pague una penalización más los daños.

En realidad, desde que dio a conocer su intención de apoderarse de Twitter, en abril, las complicaciones sólo han crecido para Musk. Las acciones de Tesla, su revolucionaria empresa de vehículos eléctricos, perdieron el 24 por ciento de su valor, de 998 a 752 dólares cada una. Fueron afectadas en parte por una bajada general en la bolsa, en un contexto de alta inflación y de guerra en Ucrania. Pero el índice de referencia S&P500 perdió 9.2 por ciento y el promedio industrial Dow Jones 7.9 por ciento. La diferencia se atribuye a que en el esquema que Musk diseñó para reunir los fondos para comprar Twitter, sus acciones de la automovilística servirían como colateral.

Para detener la caída, Musk tuvo que prometer que no tocaría Tesla y que buscaría dinero en otro lado. Pero el daño estaba hecho.

Su empresa, además, tiene otros problemas, como una incapacidad (compartida con el resto de la industria) de cumplir sus objetivos de producción por una aguda carencia de microchips y de litio.

Por otro lado, en SpaceX, su proyecto de vuelos espaciales privados, el escándalo estalló a mediados de junio cuando un grupo de empleados publicó una carta en la que acusa a Musk de tener un comportamiento en público que es “una fuente frecuente de distracción y vergüenza” y denunció que no se cumplía la política establecida de cero tolerancia con el acoso sexual. Aunque el dueño se proclama gran defensor de la libertad de expresión, los cinco organizadores fueron despedidos.

Un análisis del portal financiero Business Insider, publicado el 8 de julio, calculó que, desde que anunció su intención de comprar Twitter, el valor neto de Elon Musk bajó 65 mil millones de dólares. Esto es parte de una caída mucho mayor: la fortuna del hombre más rico del mundo alcanzó en noviembre su pico de 340 mil millones de dólares y en junio había descendido a 197 mil millones, según la misma fuente. Perdió 143 mil millones en un santiamén.

Esto se suma a varios escándalos que provocó con sus frecuentes declaraciones abusivas, como cuando tuiteó que un buzo británico, que acababa de salvar a 12 niños atrapados en una caverna inundada en Tailandia, era un pedófilo, sin explicar por qué lo pensaba; y como cuando ha hecho comentarios sin base, destinados a causar enormes movimientos en las criptomonedas Bitcoin y Doge, haciéndose más rico mientras arruina a pequeños inversionistas.

 
Elon Musk, director de Tesla | Especial

El señor de las cuentas falsas

En lugar de salvar la red, la perjudicó gravemente, de acuerdo con una investigación publicada por el New York Times el 11 de julio. “El sr. Musk ha erosionado la confianza en la empresa, pisoteado la moral de los empleados, alejado a anunciantes potenciales, hecho destacar sus dificultades financieras y difundido desinformación sobre cómo opera”, sostuvieron los autores Kate Conger y Mike Isaac. 

“De las ruinas que deja Musk en Twitter, lo más prominente puede ser la brutalidad con la que expuso sus declinantes perspectivas financieras y de negocios”.

El objetivo de comprar Twitter era, según declaró, proteger la libertad de expresión. Pero cuando le preguntaron qué significaba exactamente eso, fue incapaz de decirlo: “Con libertad de expresión simplemente me refiero a lo que diga la ley”. De hecho, grupos de derechos humanos como Amnistía Internacional advirtieron que, si Musk tomaba el control de Twitter, proliferarían los discursos de odio, pues se perdería la ya laxa moderación de la violencia y el abuso.

La única definición clara que pudo aportar fue que el ex presidente Donald Trump, a quien, tras el intento de golpe de estado del 6 de enero de 2020, le quitaron la cuenta de Twitter por difundir mentiras, sería invitado a regresar.

Pero ni siquiera esto le salió bien. El líder ultraderechista, que ya creó una red social propia, la rechazó. Y si en 2020, en el Foro Económico Mundial de Davós, Trump describió a Musk como “uno de nuestros grandes genios”, en un mitin el 9 de julio lo llamó “artista del engaño”. El aludido respondió indicándole que ya debe jubilarse: “Es tiempo de que este viejo cuelgue su sombrero y navegue hacia el horizonte”.

Pero algunos creen que también el fallido comprador de Twitter está en decadencia. “La novedad del culto a la personalidad de Elon Musk parece estarse desgastando”, afirmó Amrit Dhami, analista de la firma de investigación GlobalData, en un podcast publicado el 21 de junio. Sin dejar de reconocer que los empleados críticos de SpaceX “hicieron una jugada atrevida”, señaló que “los trabajadores (de las grandes empresas tecnológicas) ya no se dejan intimidar por el tamaño de su patrón”. Continuó: “Musk se presenta como campeón de la libertad de expresión pero los despidos en SpaceX están desmantelando rápidamente cualquier credibilidad que tenga”.

Lo más irónico es que Musk, que alega haberse desencantado de Twitter porque el alto número de cuentas falsas, tiene mucho, mucho menos impacto en esa red del que presume. Una auditoría conjunta de las firmas especializadas SparkToro y Followerwonk, realizada del 13 al 15 de mayo, encontró que “es improbable que el 70.23 por ciento de los seguidores de @elonmusk sea auténtico”. En los 90 días anteriores, además, sólo un 23 por ciento de su centenar de millones de seguidores había tuiteado al menos una vez.

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