Asesinato de doctora exhibe crisis de salud para la Sierra Tarahumara

MILENIO

Una herida de seis centímetros en el cuello, producto de un impacto de bala, fue lo que impidió salvar la vida de Massiel Mexía, una de las tres únicas anestesiólogas con las que contaba el Hospital Rural de Bienestar número 18 en la comunidad de San Juanito asesinada el lunes pasado, hecho que no solo dejó en evidencia una crisis de inseguridad, sino que también avizora un problema por la falta de atención médica para la Sierra Tarahumara.

Enclavado en la puerta de entrada a la Tarahumara, en la parte más alta de Bocoyna, en Chihuahua, el personal del hospital donde trabajaba Massiel ahora vive con miedo, sin policías municipales, estatales, o algún punto del Ejército Mexicano o de la Guardia Nacional que pueda llegar sin tardar más de una hora. Un moño negro sobre la entrada sirve como recordatorio para médicos y practicantes, quienes se han autoimpuesto un toque de queda a las ocho de la noche; “Del hospital a la casa, es la regla”.

El hospital está estratégicamente ubicado en la sierra, donde no hay otro nosocomio a más de 100 kilómetros para dar atención a una docena de comunidades donde se atiende a mujeres embarazadas, accidentados y heridas producto de la delincuencia, principales casos que son atendidos.

“El recurso humano es el que hace falta”, es la respuesta inmediata de cualquier persona con bata a la que se le pregunta sobre las carencias. Y ahora con una anestesióloga menos que trabajaba en el turno matutino, no hay quien cubra su espacio, o bien, quien quiera cambiar su turno. Esto, ante problemas administrativos y sindicales.

Los médicos residentes recuerdan a Massiel como una verdadera profesional, entregada a su trabajo y a la tarahumara, después de haberse entregado a la comunidad desde hace por lo menos ocho años.

Al asesinato de la doctora y las carencias cotidianas, se le suma complejo mecanismo para el relevo de practicantes para llevar médicos a San Juanito, quienes el próximo 28 de julio, concluyen su servicio y dejarán la comunidad para concretar sus estudios, así como la advertencia emanada desde la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh), para no enviar más becarios a la región serrana.

Chihuahua

En declaraciones públicas, Luis Carlos Hinojos, director de esa facultad, se refirió a las condiciones de inseguridad que ponen en peligro a los jóvenes estudiantes.

Mientras que Daniel Acosta, médico pasante de esa facultad se despide de San Juanito con un mal sabor de boca tras el crimen de quien fuera su compañera de trabajo; solo espera, dice, “que haya seguridad para la población, que se sienta seguro que no tenga un toque de queda desde las 8 de la noche; y número dos, el cubrir esas plazas con médicos de base, que abran los contratos en todas las instituciones, que no se quiera sustentar un sistema de salud con becarios”, es la recomendación.

Una fiscalía de cartulinas y ‘cuernos de chivo’

En el municipio de Bocoyna, región rarámuri de Chihuahua, la justicia de las cartulinas y los ‘cuernos de chivo’ se adelantó al estado, y en menos de 24 horas, el responsable del asesinato de la anestesióloga Massiel Mexía, así como de una supuesta violación y la muerte de un perro, fue detenido, sometido por la población y, entregado a las autoridades y hoy… se encuentra en coma.

En una reconstrucción elaborada por MILENIO con testimonios de vecinos, trabajadores del hospital y fuentes ministeriales, se da cuenta que el sujeto “de sudadera gris” comenzó su travesía calles atrás, al filo de las cinco de la mañana, cuando dio muerte a una perra mestiza de 10 años con el arma que más tarde emplearía para matar a la médico anestesióloga.

“Ya cuando salí yo para asomarme, iba corriendo, pero lo alcancé a ver esto de aquí atrás una sudadera gris, y pasó, se fue para el campo de aviación, yo ya no lo vi, yo cuando vi, la perrita ya estaba muerta”, relata Alma Delia, con coraje, después de explicar cómo es que tuvo que dejar a su mascota en el basurero.

El recorrido del sujeto continuó hasta el Barrio de La Pista, hacia la casa de Massiel, ahí, habría disparado en hasta cinco ocasiones contra ella.

Sin embargo, ningún vecino pudo escuchar los disparos: “nadie vio, dicen que fue en la madrugada, nosotros somos vecinos, pero no escuchamos ni los disparos”, explica, con un buen recuerdo de la vecina que cuando estaba en casa subía el volumen de la música.

Chihuahua

Posteriormente -se presume- el sujeto se habría dirigido hacia una ranchería en la localidad de Talayotes, donde se le estaría atribuyendo una violación, y donde más tarde habría sido localizado con una cartulina al estilo de cualquier cártel del narcotráfico, responsabilizándolo del asesinato y de una violación; “esto te pasó por haber matado a la doctora y violado a la muchacha”, dice escrito con marcador.

El sujeto de sudadera gris finalmente fue trasladado al Hospital Rural de Bienestar número 18 en la comunidad de San Juanito, y en medio del dolor y la impotencia, recibió atención, de los mismos médicos que vieron por última vez con vida a su compañera Massiel.

En imágenes que obtuvo MILENIO, se puede apreciar las heridas generadas al sujeto detenido -y de manera extraoficial- trascendió que fue necesario inducirle un estado de coma por las mismas.

La doctora Massiel Mexía fue calificada como intachable por quienes la conocieron, trabajaba por las mañanas, no bebía y médicos del hospital aseguran “meten las manos al fuego por ella”, además de que desconocen alguna causa por la cual podría haberse convertido en víctima, más que un daño colateral derivado de la falta de instituciones de seguridad.

En lo que fuera su hogar, apenas comprada hace seis meses, en el barrio de La Pista, -nombrado así por estar literalmente asentado alrededor de una pista de aterrizaje- la reja permanece cerrada y las luces aún siguen encendidas, solo un pequeño gato custodia el domicilio, ahora abandonado.

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