Declaración de los Abarca revela abusos tras detención por caso Iguala; amenazaron con permitir que mataran a su hija

MILENIO

Ante visitadores de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, rompieron el silencio al dar su versión de los hechos del 26 y 27 de septiembre de 2014; los motivos para esconderse tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, lo vivido durante su detención y los señalamientos en su contra.

Cuando fueron detenidos, la entonces Procuraduría General de la República (PGR) los señaló como autores intelectuales del ataque y desaparición de los estudiantes. Abarca también era buscado por los delitos de homicidio, tentativa de homicidio y desaparición forzada.

Según el entonces procurador Jesús Murillo Karam, habían sido mencionados en las declaraciones del líder de Guerreros UnidosSidronio Casarrubias, quien dijo que Abarca dio la orden de contener a los estudiantes para que no sabotearan el informe de su esposa: “la orden les llegó por radio desde la central, de parte de A5, clave del edil de Iguala”.

En las entrevistas con visitadores de la CNDH, obtenidas por MILENIO a través de solicitudes de transparencia, tanto Abarca como su esposa, se dijeron inocentes de los señalamientos que se han hecho en su contra.

“Tal vez, algún día nos digan ‘usted disculpe’, pero ¿cómo me voy a quitar todo esto de encima?”, dijo María de los Ángeles Pineda Villa.

“Es una injusticia que me tengan privado de mi libertad ya que soy una persona honesta, respetuosa y con valores ya que se me ha perjudicado tanto en mi vida personal, familiar, económica y comercialmente (…) Se trata de puras falsedades en mi contra”, aseguró Abarca.

Las entrevistas con la CNDH se desarrollaron durante febrero de 2016 en los centros penitenciarios en los que hasta la fecha permanecen: Abarca en el penal del Altiplano, Estado de México, y su esposa en el femenil de Coatlán del Río, Morelos.

Disturbios y muertos después de cenar

Ambos dijeron que el 26 de septiembre de 2014 asistieron al informe de ella como presidenta del DIF de Iguala, en el centro de la ciudad, tras el cual hubo un baile y de ahí se fueron a cenar tacos, donde según el relato de ella vieron por la televisión parte del partido de América contra Santos.

Contaron que al final de la cena, aún en la taquería, le marcaron a Abarca para avisarle que había disturbios por la presencia de normalistas. Él solo pidió que no se cayera en la provocación.

Abarca dijo que minutos después le llamó el secretario de Gobierno estatal para preguntarle sobre disparos en su municipio. Abarca le dijo que investigaría. Le preguntó a su secretario de seguridad, Felipe Flores, quien minutos después de llegar a su casa le regresó la llamada para decirle que al acudir a las calles referidas no encontró nada. Abarca llamó al secretario de Gobierno estatal para darle el reporte. Minutos después, el mismo secretario le llamó para decirle que había habido un enfrentamiento y que le estaban reportando tres muertos, por lo que le reclamó a Abarca:

“Por qué no le han informado sus policías”, le preguntó el secretario de Gobierno estatal. “No me han informado, pero ahorita le devuelvo la llamada”, respondió Abarca.

Según el relato de Abarca, en otra llamada le informaron de un accidente donde viajaba el equipo de futbol de los Avispones de Chilpancingo. Dijo que a la medianoche del 27 de septiembre, autoridades de Chilpancingo le pidieron su ayuda para acelerar los trámites para el traslado de uno de los cuerpos de los jugadores. Abarca dijo que en la llamada se dirigió a los familiares y les dio pésame.

Abarca aseguró que no pudo conciliar el sueño en toda la noche, porque tenía pendiente y “veía lo que subían a las redes sociales”. Mientras que su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, refirió que las llamadas del secretario de Gobierno del estado comenzaron después de la medianoche y aseguró que no supieron nada de lo ocurrido porque permanecieron dormidos toda la noche, cuando llovía y tenían prendido el aire acondicionado que “hacía mucho ruido”.

Abarca deja el cargo

Los relatos de ambos coincidieron en que al día siguiente participaron en un acto cívico por la mañana, tras el cual se enteraron de lo ocurrido con los estudiantes normalistas, cuando ya se reportaba que estaban desaparecidos. El alcalde decidió cancelar su informe de labores programado para ese día. El 28 de septiembre se quedaron en su casa pendientes y sin recibir ningún parte oficial de lo ocurrido.

“Durante los hechos del 26, 27, 28, 29 y 30 de septiembre de 2014, el C4 no me informó nada y tampoco ninguna otra autoridad estatal o municipal. Ya después me enteré por los medios de comunicación”, dijo Abarca en una de las entrevistas con la CNDH.

Según Abarca, fue hasta el lunes 29 que se enteró que policías municipales habían sido acuartelados para ser investigados. Dijo que para entonces ya quería pedir licencia para que se investigaran los hechos, aunque su esposa no mencionó eso, sino que fue en una reunión con la dirigencia del PRD donde se lo sugirieron.

A Abarca lo habían mandado llamar a la Ciudad de México, a donde acudió por la tarde del lunes luego de atender entrevistas con medios de comunicación toda la mañana en su oficina de Iguala. Al regresar a Iguala, en una sesión extraordinaria de cabildo, se aprobó su licencia al cargo.

Cateo sin orden de aprehensión

En sus respectivas entrevistas con la CNDH, tanto Abarca como su esposa, dijeron que al volver a su hogar se percataron de presencia policial al exterior. La hermana de Abarca le avisó por teléfono que estaban cateando la casa sin orden judicial y le recomendó no ir para allá. Entonces fue que huyeron con su familia a la Ciudad de México. Estuvieron unos días en el departamento de una de sus hijas y luego se escondieron en una casa en Iztapalapa, según los testimonios, lo hicieron por instrucción de su abogado en lo que les tramitaba un amparo para poder acudir ante las autoridades con garantías.

El relato de ambos refiere que ya estaban próximos a presentarse ante las autoridades cuando los detuvieron. La detención ocurrió el 4 de noviembre de 2014. Los trasladaron a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (Seido), donde ya los esperaba Jesús Murillo Karam.

Abarca dijo a la CNDH que fue a la 1:45 de la madrugada en Iztapalapa, a donde llegaron aproximadamente 10 policías federales, hombres, y policías mujeres, quienes entraron mientras él y su esposa dormían. Dijo que se despertó por el golpe que dieron a la puerta, que lo detuvieron sin mostrar orden de aprehensión y de ahí los trasladaron a la Seido, donde aseguró que Murillo Karam provocó el desmayo de su hija durante un interrogatorio y a él lo amenazaron con sacar a su esposa e hija a una manifestación que había al exterior para que las violaran y mataran.

El ex alcalde y su esposa fueron ingresados a la Seido.| Cuartoscuro

Relato de José Luis Abarca:

“Quiero referir que no recibí golpes durante esta detención. De ahí me trasladaron a las instalaciones de la Seido a donde llegué a las 2:30 am. Entramos en los vehículos por el estacionamiento, donde se encontraban varios policías. También estaba el ex procurador. Los elementos de la PGR estaban armados y encapuchados, junto con el entonces procurador me llevaron a la que, entiendo era su oficina. Era una oficina grande con muchas sillas, era una sala de juntas.

“Como 7 funcionarios más, desconozco sus cargos y sus nombres, me sentaron, de mi lado izquierdo se sentó un comandante y los demás en diferentes posiciones y empezaron a interrogarme. Así estuvimos como hora y media, tiempo en el que me hacían varias preguntas, de acuerdo a las respuestas de éstas y al no obtener los resultados que supongo pretendían, me dijeron: ‘ahorita nos vas a decir la verdad. Con esto se te va a refrescar la memoria’. Inmediatamente después trajeron a mi hija y me la pasaron por el frente, dentro de la sala de juntas y la metieron a la que entiendo era oficina del entonces procurador como medio de presión, oficina en la que ella sufre un desmayo, imagino, debido a la presión que presumo ejercía el procurador sobre mi hija, en el interrogatorio que, supongo, le hacía el procurador. Fue el ex procurador quien salió a informarme que mi hija se desmayó.

“Posteriormente, las personas que antes había llamado el procurador continuaron mi interrogatorio como hasta las 10 de la mañana. Después dos policías me metieron en un baño en el que me hicieron una auscultación física, me desnudaron por completo, agarraron mi camisa y con un couter le quitaron las mangas, después me vestí y con gritos y palabras obscenas me esposaron y me llevaron a una celda. 

“Estuve como una hora en ese lugar, después me volvieron a sacar esposado y me llevaron a una oficina más pequeña, me llevaron esposado y con la cabeza hacia abajo viendo hacia el suelo. Cuando llegué me quitaron una esposa de la mano derecha y me sujetaron con ella a una silla para seguirme interrogando durante aproximadamente tres horas. Al no encontrar respuesta a satisfacción suya, me dijeron: ‘si no nos dices la verdad ahorita voy a llevar a tu hija y a tu esposa allá afuera donde hay un grupo de personas o familiares de los estudiantes para que las maten, las violen y te las entreguen en pedacitos’. 

“A los cuales les seguía yo respondiendo que por favor no les hicieran nada a mi esposa ni a mi hija ya que al igual que yo desconocíamos qué era lo que había pasado los días 26 y 27 de septiembre de 2014, que desconocía por completo y que por favor no les fueran a hacer nada a mis hijas, ya que les comenté que al igual que los padres de estos muchachos estaba consternado por los hechos que habían ocurrido porque también soy padre de 4 jóvenes y no me hubiera gustado que les pasara algo, que les estaba diciendo la verdad de lo que yo sabía porque era el más interesado de que se sepa la verdad, ya que yo siempre me declaré inocente. A pesar de mis súplicas, me dijeron que eso no era cierto y que de todas formas ellos iban a hacer lo que me habían comentado, que a ellos no les importaba. 

“Al volverles a hacer la súplica que no les hicieran nada, una persona vestida de civil se sentó sobre el escritorio de mi lado izquierdo y me empezó a dar fuertes palmadas en la espalda en repetidas ocasiones, con la palma de la mano, también en mi hombro, no recuerdo cuántas veces, también me dio así como pataditas en mi pierna izquierda, en varias ocasiones, sin recordar el número de veces. Esta misma personas ya enfurecido empezó a golpear fuertemente con su palma derecha el escritorio mientras me gritaba en la cara que era un cínico y que ni siquiera por saber lo que le iba a pasar a mi esposa y a mi hija quería decirle quién o quiénes habían hecho tal acontecimiento. Después de mucho tiempo en ese lugar, me regresaron a mi celda. 

“Estando en la celda como una hora después regresaron por mí los mismos policías uniformados, me esposaron y me llevaron con la cabeza hacia abajo, inclinado a la misma oficina pequeña que antes referí, en la cual hicieron acto de presencia junto al civil que ya me había interrogado, otras tres personas vestidas de civil de quienes desconozco sus nombres y cargos quienes me volvieron a sentar y me sujetaron a la silla con las esposas y vuelven a interrogarme. 

​’Ahorita te vamos a ayudar a recordar’

“Ahí me expresaron que si yo les decía quién o quiénes habían cometido los hechos, me garantizaban la vida y libertad única y exclusivamente de mi hija, que era como un trato lo que me proponían. En ese momento yo no sabía cómo se encontraba después del desmayo ni dónde la tenían. Al no encontrar nuevamente ninguna respuesta satisfactoria a su interrogatorio me dijeron ‘ahorita te vamos a ayudar a recordar´ y en la parte de atrás, pegado a la puerta que estaba cerrada, uno de los civiles se hizo de lado su saco de vestir y dejó a la vista un arma que llevaba en su cintura, ignorando el calibre, y me dijo que me iba a arrepentir ya que me iba a podrir en la cárcel, me dijo ‘te vamos a echar 60 años y lo peor de todo te vamos dejar sin dinero’, por lo que les contesté tristemente y espantado que por favor no lo hicieran ya que yo desconocía, como en repetidas ocasiones se los comenté, quién o quiénes habían cometido tan artera escena y que por favor no me perjudicaran ya que siempre me he considerado una persona trabajadora, honesta, cariñoso con mi familia, pero sobre todo con valores. 

“Posteriormente, otras personas me sacaron por la noche del 4 de ese mismo día, no recuerdo la hora, me regresaron a la misma celda estando aproximadamente una hora, luego me sacaron esposado nuevamente para rendir mi declaración ante un ministerio público federal, me tomaron mis huellas y fotografías. Al término de ésta, desconociendo la hora, me regresaron nuevamente esposado a la celda ahí me dejaron, al siguiente día 5 de noviembre de 2014 por la mañana, desconozco la hora, me llevaron a otras oficinas dentro de la Seido, bajé unas escaleras y me siguieron interrogando dos personas vestidas de civil, estuve mucho tiempo, y en su interrogatorio, sin saber la hora, después de un largo tiempo, me regresaron a mi celda. Al poco rato, siendo aproximadamente como las 2 de la tarde me esposaron otra vez, me subieron a un camión blindado y me trajeron a este centro del Altiplano”.

Abarca dijo que durante su permanencia en las instalaciones de la Seido, el médico lo revisó en una ocasión, le permitieron el acceso a los sanitarios de manera normal y le dieron de comer un sándwich, un jugo de manzana y una naranja. También le dieron los medicamentos que requería.

Su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, también expuso que la torturaron verbalmente y relató maltrato durante el traslado a la Seido. También dijo que la amenazaron con sacar a su hija a la manifestación para que la violaran.


Relato de María de los Ángeles Pineda Villa

“El 4 de noviembre de 2014 me encontraba junto con mi esposo en una recámara del segundo piso de una casa que rentamos por medio de una amiga de mi hija. En la madrugada escuché unos estruendos que me hicieron sentir mucho miedo y frío. Mi esposo comenzó a cambiarse porque estaba en pijama, me asomé por la puerta de la recámara y observé que habían ingresado muchos policías encapuchados vestidos de negro y con armas. También entraron mujeres vestidas de negro, armadas, y me apuntaron. 

“Me preguntaron por mis hijos y me dio mucho miedo porque pensé que me querían secuestrar. Les dije que mi esposo y yo estábamos solos y pregunté que por qué me agredían tan feo. Me separaron de él y me pusieron en otra recámara junto con otras dos mujeres y unos hombres que me tomaron video, temblaba porque tenía mucho miedo y frío. Les pregunté que si me podía cambiar y dos señoras me llevaron al baño, me quité la pijama y me puse un pantalón, blusa, suéter y me cubrí el cuello con una mascada color verde menta con hilitos dorados, porque tenía mucho frío. Me pasaron al cuarto y les pedí que me dejaran llevarme el medicamento de mi esposo porque estaba muy enfermo. 

“Un señor me pidió los medicamentos, se los di y ya no supe qué hizo con ellos. Me llevaron de nuevo a otra habitación en donde estuve mucho tiempo. Aún no amanecía. Nos escoltaron hombres armados hacia abajo y nos subieron a unas camionetas tipo Suburban blancas y negras, eran aproximadamente 30 camionetas y yo calculo que como 200 hombres armados. A mi esposo lo subieron a una camioneta junto con muchos hombres y a mí a otra.

“Uno de los señores dio la instrucción para que me taparan la cabeza y las mujeres me taparon la cabeza con la mascada y me la amarraron en el cuello muy fuerte, sentía que me estaba asfixiando y me lastimó. Después de una hora y media o dos, al estar amaneciendo, llegamos un edificio con unas oficinas. El mismo hombre que ordenó que me cubrieran la cabeza mencionó que ya iba para allá con ‘el paquete’ y eso me asustó mucho porque pensé que nos llevaban secuestrados y que nos iban a hacer algo peor. Me destaparon la cabeza y me acomodaron la mascada como inicialmente me la había puesto y me tomaron fotos. Mi garganta estaba inflamada, me esposaron las manos hacia delante y observé que estaba el procurador junto con muchos hombres armados.

“Entramos y nos tomaron fotos y videos. Me dio mucho miedo y mucha vergüenza, me sentaron en una silla adentro de una oficina de cubículo, me rodearon muchos hombres y me comenzaron a interrogar, preguntándome cosas que desconocía. Me dijeron que tenían 49 días sin dormir, trabajando por mi culpa. Me exigieron y presionaron a que dijera cosas que mi esposo supuestamente había hecho, que no eran ciertas. Después de muchas horas de estarme hostigando y presionando, un policía me enseñó un video en un iPad en donde supuestamente mi mamá había sido secuestrada y muchas cosas que eran mentira. Me hizo sentir peor al pensar que nos iban a hacer mucho daño. Me preguntaron por personas que yo no conocía. Nos bajaron a un cuarto grande que tenía celdas separadas, me dijeron que tomara una cobija muy sucia y maloliente, pregunté si podía tomar dos porque tenía mucho frío y estaba temblando. Me metieron a una celda al final del pasillo y me pidieron que les diera mi brasier y suéter y le cortaron las mangas a mi blusa. Mi esposo estaba en otra celda.

“Sentía una necesidad de que me sacaran de ahí, por lo que le gritaba al oficial que me sacara de ahí porque ya no podía permanecer en ese lugar. Me dejaron muchas horas. Lo sentía asfixiante. Ya cuando había salido el sol, no sacaron de ese lugar y vi que mi hija mayor estaba ahí, fue aterrador porque no sabía de dónde la habían traído, la tenían haciendo declaraciones. Nos encerraron a mi esposo y a mí en lo que parecía ser una oficina con mesa de juntas. Dejaron a mi hija afuera.

“Yo tenía mucha preocupación, nos exigían, nos torturaban verbalmente al decir que iban a poner a mi hija en una manifestación que había fuera para que la violaron y le hicieran daño, lo cual me aterrada mucho. Me decían cosas muy humillantes, preguntándome qué había hecho el lunes 29 de septiembre de 2014 a la 1:30 p.m. con el gobernador en Acapulco, a lo que les contesté que sus palabras me ofendía porque ese día a esa hora yo estaba con mi esposo en las oficinas de Iguala y unas horas después estaba con el presidente del Partido de la Revolución Democrática en un Sanborns del sur de la Ciudad de México, comiendo con los síndicos.

“Me preguntaron cuántas llamadas telefónicas había hecho. Me dijeron que yo era culpable de muchas cosas que habían sucedido, pero yo no sabía de qué hablaban. Se reían de mí cuando lloraba, se burlaban más de mí, supliqué que no le hicieran nada a mi hija. Uno de ellos me dijo que tenía al país de cabeza y que se aproximaba una devaluación muy grande.

“Me enseñaron fotos muy crueles con personas asesinadas y me decían que yo tenía la culpa. Se burlaban de mí por sorprenderme. Nunca había visto a personas mutiladas y en las condiciones en las que me enseñaban. Me asusté mucho porque pensé que me iban a hacer eso junto con mi esposo e hija. Me presionaron a decir que conocía a personas que no conozco.

“Me devolvieron a la celda húmeda y sucia, tenía mucho frío. Me sacaron a que me revisara un médico y me desvestí. Cuando salí encontré a mi esposo quien pidió permiso para abrazarme y nos dieron un minuto durante el cual lo abracé muy fuerte, un abrazo muy fuerte y me dio una bendición y ya no lo volví a ver. Salí de la celda, me pidieron que firmara muchas veces en unas hojas blancas, me sacaron sangre y me metieron a grabarme la voz.

“Nos tomaron fotos a cada uno recargado en una pared, con números y una placa. Eso me dio mucha vergüenza, nos grabaron todo, tomaron huellas. Me llevaron un sándwich y una naranja y jugo de manzana, no podía pasarme el líquido porque me habían apretado mucho el cuello, me lo habían lastimado.

“Más noche y me llevaron a declarar en la misma oficina de cubículos, yo me reservé porque no estaba mi abogado. Le hablé a mi suegra y me dijo que toda la familia estaba abajo con los abogados, pero no los dejaban entrar y eran aproximadamente las 11:00 p.m.

María de los Ángeles Pineda Villa

“Más tarde entró el abogado y firmé unas hojas junto con él. La hoja decía que los hombres que nos detuvieron habían dicho que les habíamos ofrecido dinero a cambio de que no nos detuvieran sin ser eso cierto.

“Al día siguiente continúan haciéndome más preguntas y estudios. Un señor que nos hizo hacer firmas en otras hojas blancas, una mujer nos dictó que escribiéramos palabras. Un señor muy grande se acercó y yo lloraba mucho, él me dijo que decía mi esposo que lo iban a llevar a otro lugar y que deseaba que Dios me bendijera y que no sabía cuándo nos volveríamos a ver.

“A mi esposo ya se lo habían llevado y no sabía a dónde. Tenía terror de estar ahí sola, hacía mucho frío. Me dijeron que me iban a llevar a un lugar donde no me iban a tocar ni un pelo, firmé rápido y ya no entré de nuevo a la celda.

“El día 5 de noviembre de 2014, al estarse metiendo el sol, me llevaron a la casa de arraigo. Unas oficiales me recibieron de manera humillante porque me exigían que le dijera con qué grupo delictivo me vinculaba, respondí que no tenía problemas con nadie. Me dijeron que a mi esposo lo iban a llevar a Tamaulipas para que lo mataran Los Zetas. Me dijeron que nunca nos iban a dar amparos.

“Permanecí arraigada durante dos meses y me obligaron escribir que estaba ahí por secuestro y porque me vinculaban con unos Guerreros Unidos. Cuando la gente me veía me daba vergüenza. Estuve sola y me dolía mucho la cabeza y me daba dolor de migraña.

“Mi familia me visitaba todos los días, estaba muy preocupada por mi esposo. Una oficial me dijo que a la próxima que bajara a comer tenía que peinarme y bañarme. Todos se burlaban de mí. Todos los días nos daban frijoles negros y poco jugo de naranja, como tenía muy lastimada la garganta tomaba muy poco jugo de naranja y casi no comía.

“Hasta la fecha siento molestias en la garganta y el oído. Me dieron medicamentos que me hacían dormir mucho y me mareaba. Cuando bajaba a tomar alimentos chocaba contra las paredes del pasillo.

“El 4 de enero de 2015 me trasladaron a Nayarit en donde me recibió una comandante a gritos de manera humillante y un médico me hizo preguntas. Cuando salí de la casa de arraigo había muchos periodistas y estaban mis hijos. Tanta espectacularidad se me hizo muy humillante”.

José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda tras ser detenidos.| Cuartoscuro

Siete años sin sentencia 

Ninguno de los dos ha sido sentenciado por alguno de los delitos que les imputan. Abarca está incluido en la causa de secuestro y delincuencia organizada por la que varios de los presuntos involucrados en la desaparición de los 43 estudiantes normalistas ya han sido liberados, por falta de pruebas o fallas en el debido proceso.

Sin embargo, también se le persigue por su presunta participación en 2013 en el asesinato de Arturo Hernández Cardona, dirigente social de la Unida Popular. En sus relatos, tanto Abarca como su esposa describieron que la relación con él era cordial; dijeron que cuando otro líder social fue asesinado Hernández Cardona culpó a Abarca y le dijo que lo hacía responsable en caso de que a él le ocurriera algo.

A María de los Ángeles Pineda Villa la han señalado de vínculos con el grupo criminal Guerreros Unidos porque sus hermanos presuntamente pertenecían a esa organización. Sin embargo, ella dijo a la CNDH que se separó de su familia desde que se casó con Abarca y negó haber visto a sus hermanos desde entonces.

Ninguno de los dos ha sido sentenciado por alguno de los delitos que les imputan.

“Cuando me casé con mi esposo mi mamá no lo quería porque él era divorciado y siempre que nos reuníamos salían peleados, lo cual a mí me molestaba porque él es un hombre bueno, respetuoso y me trataba bien; por ello dejé de ir a la casa, pues para mí era mucho sufrir. Yo soy la mayor y para ese entonces, mis hermanos eran unos niños. En virtud de que mi esposo y yo nos dedicamos a trabajar no los volví a ver por lo que no conozco a sus esposas, ni fui a sus bodas, ni llegué a saber nada de ellos, por lo que ignoro cómo se vinculaban con Iguala (…) Mi esposo y yo no conocemos a los Guerreros Unidos, ni estamos relacionados con las actividades que ellos desarrollan”, dijo en una de las entrevistas con la CNDH.

También se les ha señalado de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. Sin embargo, ambos aseguraron que todo su patrimonio lo construyeron con trabajo honesto.

En una de las entrevistas con la CNDH, Pineda Villa relató cómo con la adquisición de un terreno fueron incrementando su patrimonio, compuesto por un centro comercial y locales en el centro joyero de Iguala, donde está su negocio principal.

“Hace como 15 años, mi cuñado compró un terreno cerca del Boulevard y del Campo Deportivo donde él jugaba, pidiendo que también se comprara un terreno, el cual se adquirió en pagos, posteriormente, mi esposo compró un terreno contiguo a éste que no tenía acceso al Boulevard. Tiempo después, un señor de la tercera edad nos vendió un terreno que nadie quería porque parecía un lago, ocupando los militares una parte del mismo para sembrar guayabos: nosotros, con la escritura iniciamos un procedimiento legal a fin de pedir que los militares desocuparan dicho terreno, siendo que finalmente así sucedió.

“Posteriormente la Comercial Mexicana nos compró la mitad del terreno y con el dinero que obtuvimos de esa venta y con un crédito que solicitamos al banco, construimos un pequeño centro comercial que nos sigue perteneciendo hasta la fecha y por cuyos locales cobramos una renta. Por otra parte tenemos tres locales en el Centro Joyero. Todo el dinero que nosotros tenemos fue a base de la joyería de la venta del terreno a Comercial Mexicana y a raíz del crédito que obtuvimos con el banco”, dijo a los visitadores de la CNDH en 2016.

Desde el gobierno de Enrique Peña Nieto y ahora en el de Andrés Manuel López Obrador se les ha intentado convencer para que colaboren en la investigación de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Sin embargo, al insistir que ellos no saben nada de lo ocurrido se han negado a cualquier tipo de colaboración.

https://www.milenio.com/policia/caso-iguala-jose-luis-abarca-esposa-revelan-abusos-detencion

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