El COVID transformó al personal de salud: ‘No se nos autorizaba que se nos hiciera la prueba, hasta que perdí el olfato’

EL FINANCIERO

El jefe Fabián murió de COVID-19. Era el director de Relaciones Laborales del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) ‘Luis Guillermo Ibarra’, uno de los 25 trabajadores administrativos del hospital que se contagiaron dentro de un instituto público que no ha padecido la llamada reconversión hospitalaria; es decir, que no atiende pacientes con coronavirus.

“Los primeros que fueron contagiados tristemente fueron personal administrativo, entre ellos el licenciado Fabián Hernández. De eso falleció”, relata Luz Irene Barrientos, recepcionista del área de consulta externa del mismo instituto, quien recientemente regresó de un aislamiento luego de que se le detectara también el virus SARS-CoV-2, causante de esta enfermedad.

“Yo me di cuenta que me había contagiado porque perdí el olfato y el gusto, fue la única forma en que las autoridades aceptaron hacerme la prueba. No se nos autorizaba que se nos hiciera la prueba. Cuando yo me doy cuenta, el 30 de mayo, que había perdido el olfato, se lo reporté a mi jefa y ella tuvo que intervenir para que me hicieran la prueba.

“Tuve faringitis, pero no tuve tos grave ni fiebre, me dijeron que no era necesaria (la prueba), a riesgo de lo que pudiera ocasionar, pero como no estaba grave…”, denunció.

Para el 3 de junio la prueba resultó positiva y ya fue cuando la enviaron a su casa y eso sólo ante la insistencia de sus jefes para no poner en riesgo al resto del personal.

“Nosotros, como personal administrativo, teníamos que adquirir nuestro cubrebocas, jamás se nos consideró para recibir equipo de protección, jamás en el almacén se nos proporcionó uno. Nosotros, por nuestra seguridad, los adquirimos con nuestro bolsillo para poder transitar en el hospital.

“Yo como personal nunca fui considerada ni para un cubrebocas, ni para una capacitación mínima… Me imagino que los administrativos vivimos en otro planeta, no necesitamos capacitación. Eso de usar cubrebocas únicamente es para las personas que están enfermas, pero si no me hacen la prueba, ¿dígame cómo le hacemos?”, recordó.

Apenas la semana pasada se les entregó por primera vez un kit con cuatro caretas de plástico y 100 cubrebocas que deben durar 100 días, según lo que se les dijo en el Instituto Nacional de Rehabilitación. Esto se dio después de una donación que hizo grupo Femsa al hospital.

Roberto González, técnico radiólogo del Instituto Nacional de Rehabilitación.

Roberto González, técnico radiólogo del Instituto Nacional de Rehabilitación.Nicolás Tavira

Roberto González, técnico radiólogo del mismo instituto, a quien también se le detectó COVID-19, denunció que no existe una estrategia para mitigar la contingencia. A pesar de no ser un hospital COVID, se contagió porque nunca hubo equipo.

“Llegan pacientes que, por no decir la verdad, se les atiende sin la protección, y ahora nos dieron un cubrebocas y ese es tu material para 100 días. Se agradece, pero ya enfermos los trabajadores, ahora sí tapan el pozo”.

Roberto no se niega a atender a la población, al contrario, él sabe que está en riesgo de contagio, pero no deja de sorprenderle cómo es que ni la sana distancia ni las medidas de seguridad para evitar la propagación del virus existen en el instituto dirigido por José Clemente Ibarra Ponce de León. “Nunca les entró en su cabeza que –aunque estamos para atender al derechohabiente– necesitamos protección para hacer nuestro trabajo”, subrayó.

 

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