Pruebas COVID: improvisación y carentes de normatividad específica

DANIEL BLANCAS MADRIGAL / LA CRÓNICA DE HOY

La aplicación de pruebas contra el COVID-19 en patios, estacionamientos, carpas, toldos, oficinas administrativas y otros lugares provisionales se contrapone a la normatividad aprobada en el país sobre el tema…

Los testimonios recabados por este diario en torno a falsos negativos refieren la realización del estudio en éstos y otros sitios improvisados dentro de clínicas, hospitales o centros de salud, también reflejo del rezago histórico en infraestructura y la urgencia en medio de la pandemia.

La alerta e incertidumbre, sin embargo, no se limita sólo a los sospechosos descartados, sino a todos los resultados de reactivos realizados bajo condiciones deficientes.

Aunque en México se carece de una norma específica sobre pruebas o análisis médicos, las Normas Oficiales Mexicanas 016-SSA3-2012 —la cual establece las características mínimas de infraestructura y equipamiento de hospitales y consultorios de atención médica especializada— y 007-SSA3-2011 —para la organización y funcionamiento de laboratorios clínicos— nos aportan lineamientos en higiene, ventilación, manejo, control, conservación y procesamiento de pruebas, los cuales han sido soslayados en estos casos inciertos.

Crónica revisó las disposiciones regulatorias emitidas por el gobierno federal como respuesta a la crisis sanitaria, publicadas de marzo a la fecha en la página de la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria y no encontró ninguna relacionada con la materia.

“Cuando no se está aplicando una norma oficial, a veces las autoridades acuerdan disposiciones para tiempos de emergencia, que les permitan orientar ciertas políticas públicas o lidiar las contingencias”, explica Fabiola Pérez, especialista en regulación.

Pero al menos en los registros de Cofemer, no se hallaron indicios en ese sentido…

“Me pareció muy deficiente que me hicieran la prueba en casitas como de fiesta, afuera del Centro de Salud, y las tomas quedaran a la intemperie”, cuenta Marisol M. Hernández, enfermera del Hospital Regional de Ixtapaluca, quien pese a padecer la sintomatología atroz propia del coronavirus, obtuvo un resultado negativo en el Centro de Salud de Tlalmanalco, Estado de México.

—¿Cómo fue el proceso?

—Primero, bajo un toldo, me dieron la hoja de autorización de la prueba, con la cual pasé a una carpa improvisada donde hacían el barrido en boca y fosa nasal con los hisopos, y los iban poniendo en una especie de hielera. No sé si era la temperatura correcta y si, estando a la intemperie, con el aire y el polvo a todo lo que daban, se podía afectar la prueba. Las guardaban en esa caja, aunque la fila era larga. Tampoco me quedó claro el protocolo para evitar la confusión de resultados entre tanta gente y el tiempo que la prueba estuvo en esas circunstancias.

Enfermeros y médicos con experiencias similares, trabajadores de los hospitales General y San Agustín de Chimalhuacán, fueron enviados para la prueba a puestos temporales montados frente al Centro de Salud Urbano Herreros y el Hospital Materno Infantil Vicente Guerrero. “En Herreros no era ni consultorio, sino una oficina administrativa sin medidas básicas de higiene, y en el Infantil, un enlonado que dejaba pasar todos los terregales característicos de la zona”, narra el doctor Víctor Ortiz.

Otras historias entre dudas y tinieblas, en espacios discordantes con la normatividad, se registraron en el Centro de Salud de Chiautla de Tapia, en Puebla.

LETRA MUERTA. La NOM-007-SSA3-2011, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 27 de marzo de 2012, obliga a asegurar la calidad de las pruebas: en el numeral 7.1 habla de la aplicación de programas de control de calidad “para todos los estudios de laboratorio que se realizan, que incluya las etapas preanalítica, analítica y postanalítica”.

En el apartado 4 exige “un registro cronológico” del proceso para dar certidumbre sobre los resultados y a quién pertenecen. Y en el 5, la necesidad de un responsable sanitario cuya función sea “vigilar y mantener el buen funcionamiento de la recepción, toma, conservación, transporte y procesamiento de muestras, dentro y fuera del establecimiento; y garantizar “medidas de seguridad e higiene”, incluso con la operación de un almacén (5.2.6) y un área donde cada profesional pueda desarrollar su trabajo a una distancia no menor de dos metros cuadrados (8.1).

Además, impone la asignación de “personal suficiente e idóneo” y la práctica de un manual “para toma, identificación, manejo, conservación y transporte de muestras”, el cual debe incluir instrucciones y precauciones especiales y un gabinete de bioseguridad (8.4).

Según la Norma, la observancia de estos preceptos corresponde a la Secretaría de Salud y a los gobiernos estatales. Una de las instituciones claves es la adormilada Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris), dirigida por José Alonso Novelo, quien se ha traspapelado con casi todos los tópicos vinculados al coronavirus.

El 31 de enero de 2018 se difundió un proyecto de actualización de esta NOM, con protocolos aún más severos, en el cual se sumaron temas como capacitación del personal encargado de la toma, pautas para la desinfección del área de trabajo y programas de calidad en los cuales se contemplaban “acciones correctivas para situaciones fuera de control”, pero la normatividad oficial aún está pendiente, señal de otro de los atrasos médicos en el país.

Ese documento consideraba, de manera más específica, los resultados de las pruebas realizadas fuera de un laboratorio clínico, como ha ocurrido ahora con el COVID, pero aun éstos —disponía— debían ajustarse a los criterios reglamentarios.

La NOM-016-SSA3-2012, sobre infraestructura, alude a condiciones de ventilación e iluminación (6.5.1.1.1) acordes con las pruebas y colocación de dispositivos “para lavado de manos y cara, en particular para los ojos, en situaciones de emergencia” (6.5.1.1.4).

“La falta de instalaciones adecuadas es una constante en los días del coronavirus, principalmente en algunos lugares del sector público donde se están tomando las muestras”, dice el doctor Omar Ramírez, adscrito al Hospital de Chimalhuacán, Edomex.

“No son laboratorios, domina la improvisación y se incumplen los estándares de medidas, ventilación, temperatura, sanidad y procesamiento. No hay autoridad que ayude a subsanar las deficiencias, porque Cofepris ha encajado perfecto en la descripción de elefante reumático expuesta desde la Presidencia”…

https://www.cronica.com.mx/notas-pruebas_covid_improvisacion_y_carentes_de_normatividad_especifica-1156634-2020

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