OPINIÓN. La evaluación de desempeño: incertidumbre docente

ALFONSO TORRES HERNÁNDEZ /M ILENIO

En la Ley General del Servicio Profesional Docente (2013), se establece la obligatoriedad para la evaluación del desempeño docente y de quienes ejerzan funciones de dirección o de supervisión en educación básica y media superior que imparta el Estado (Art. 52). Además, señala que cuando se identifique la insuficiencia en el nivel de desempeño en la función respectiva, los docentes se incorporarán a los programas de regularización y se sujetarán a una segunda oportunidad en un plazo no mayor de doce meses. De persistir la insuficiencia, se repite el esquema anterior para una tercera oportunidad y de no alcanzar los resultados suficientes en esta evaluación, se darán por terminados los efectos de su nombramiento correspondiente sin responsabilidad para la autoridad educativa (Art. 53).

Desde septiembre de 2013, y antes de que se promulgara esta Ley, el magisterio advertía su naturaleza administrativa y no educativa, no pedagógica, aún cuando la misma ley pondere en uno de su apartados la “mejora de la práctica profesional” (Cap. II) ¿A casi cuatro años del establecimiento de esta ley, qué ha pasado? Quizá los maestros sean los más indicados para decirnos si su práctica docente profesional ha mejorado o bien, si los nuevos esquemas y dispositivos de organización escolar han generado condiciones para mejorar la calidad del servicio educativo. O más aun, si su condición laboral para el ejercicio pleno de la docencia, es más estable.

El tema de la evaluación del desempeño en México, ha sido un tema de discusión entre autoridades educativas y gremios, particularmente por parte de la disidencia aglutinada en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), toda vez que la representación sindical oficial de los maestros, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) ha marcado un camino alineado a la política oficial. La evaluación del desempeño entonces, se advierte mediada por negociaciones que no siempre atienden criterios pedagógicos de buen desempeño, y como se observa en el caso de México, la orientación y sentido se sitúan en lo administrativo y laboral. Por estas razones, caracterizadas por un carácter punitivo, es que esta iniciativa impulsada por las autoridades, no necesariamente ha sido aceptada por el magisterio.

Si bien es cierto que evaluar el desempeño docente es un desafío de la mayor complejidad, también es cierto que las estrategias y dispositivos implementados no han sido los más adecuados, e incluso, han generado un mayor encono, molestia, rechazo e incertidumbre en los docentes. En este trayecto de cuatro años, la evaluación de desempeño se ha caracterizado por su irregularidad en el desarrollo de los procesos, encargados al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y de la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente.

La evaluación docente implementada en México, entre ellas la de desempeño, al igual que en otros países de América Latica como Chile, Colombia y Perú, ha traído consigo un discurso de política educativa nuevo. Hoy se habla de “idoneidad”, “perfiles, parámetros e indicadores”, “condición administrativa”, “tutoría”, “mejora profesional”, entre otros, claro, sin faltar el término preferido en los últimos sexenios: “calidad”. Un nuevo discurso que solo parece reforzar lo administrativo de la evaluación. Esquemas rígidos, descontextualizados, inciertos, apresurados y con una enorme dosis de búsqueda de cumplimiento antes de búsqueda de la mejora. Sobra decir, que el carácter formativo de la evaluación de desempeño está ausente, y está ausente porque hay una disociación entre la práctica cotidiana del docente y lo qué se le evalúa y el cómo se le evalúa. La evaluación de desempeño docente se evalúa a través de información que el docente “sube” a una plataforma digital. Información que contempla evidencias, respuesta a preguntas guía y en este año, sobre elaboración y aplicación de proyectos. ¿Quién evalúa a los maestros? ¿Bajo qué criterios pedagógicos evalúa sus evidencias, sus respuestas? ¿Cómo se define la idoneidad o nivel de “destacado”? ¿Cómo se evalúa a miles de maestros en su diversidad de condiciones institucionales de su práctica? Evidentemente que hay muchas preguntas más, pero quisiera destacar por los menos tres elementos que me parecen esenciales. Primero, lo punitivo de la evaluación. No se puede pensar en la mejora profesional del docente si se le antepone la amenaza de despedirlo si no se sujeta a una evaluación unilateral y sino la aprueba bajo criterios inciertos. Segundo, la particularidad de la evaluación. La esencia del desempeño docente en la práctica cotidiana, tiene que ver con reconocer la particularidad del sujeto que la desarrolla, cuestión que si no es tomada en cuenta, se incurre en una descontextualización, como ha sido hasta el momento. Y tercero, lo formativo de la evaluación. Es necesario cambiar el sentido impuesto en la LGSPD, la educación en México requiere de una evaluación ampliada, no centralizada en los docentes, sino una evaluación que revise y analice con detenimiento cada uno de los componentes que rodean la práctica educativa, entre ellos por supuesto, la docencia, pero bajo esquemas y procedimientos que le permitan transitar hacia una mejor condición profesional y laboral, no que la limiten.

http://www.milenio.com/firmas/alfonso_torres_hernandez/evaluacion-desempeno-incertidumbre-docente-milenio_18_970882904.html

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