OPINIÓN: La maestrita

TOLVANERA / Roberto Zamarripa / REFORMA

A René Delgado, periodismo puro, agradecimiento perenne, por la hermandad, cátedra y ejemplo.

No se trata solo de una candidata a la que denostaron e insultaron. La maestrita corresponde al nivelito. Las contiendas electorales de este 2017 marcan un sinuoso camino donde todos apostaron al nocaut pero saben que van a una decisión dividida… o a la anulación de la contienda.

Las campañas electorales han desdoblado en dos tiempos y en un tono. Un escenario donde los actores miran simultáneamente a las urnas del próximo domingo 4 pero hacen campaña para que los recuerden durante un año. El tono es duro, ríspido, de odio.

En esa esquizofrenia los actores tropiezan, equivocan parlamentos; por la mañana se alían y por la tarde se pelean. Un día denostan, al siguiente apapachan.

Los escenarios alarman. Si Morena triunfa en el Estado de México, la madre de todas las batallas, el camino hacia el 2018 se considerará despejado para Andrés Manuel López Obrador.

Aunque la horadación supone también el desvencijamiento de los pocos andamios que sostienen a un gobierno federal de baja popularidad, escasa credibilidad y de operación ineficaz. Simbolizado en el presidente Enrique Peña, puede pensarse que ahora sí no tiene para dónde hacerse. El golpe sería a un grupo político que puso literalmente todo en juego en el terruño. Los comicios del Estado de México no son únicamente de la disputa regional sino de la hegemonía nacional.

La dimensión del fenómeno electoral de Delfina Gómez puede darla el inmenso gasto gubernamental en dádivas, enseres, sobornos e incluso casas entregadas por autoridades en nombre de la continuidad política en el Estado de México para detenerla. La han hecho crecer por el miedo vertido.

Pero también el tono que permea la contienda y que se reproduce en las invectivas de campaña.

Delfi La Rata, Títere, Chacha, Mamá Lucha, no son meras diatribas de redes sociales en mucho inyectadas por los equipos de campaña rivales. El sexismo, el discurso discriminatorio, excluyente, fue impulsado por los propios jefes de las tribus.

Enrique Ochoa, jefe del PRI, dijo que Delfina no hace campaña por sí sola. Josefina Vázquez Mota expresó que era una mujer manipulada; el ex presidente Felipe Calderón tuiteó: “¿Delfina es nombre propio? ¿O así le dicen por cómo la trata quien la nombró y es su jefe?”.

La maestrita es el apócope y el escupitajo.

El problema no está ahí, en una contendiente política, sino en las razones -emociones- de las insatisfacciones colectivas que catapultan candidaturas que parecen ser testimoniales y terminan siendo protagonistas.

Hay un extravío que lleva a hilar el discurso del odio. Lo notable en las encuestas no es tanto quién va arriba sino la suma de los que ansían un cambio. Las encuestas miden hartazgos, emociones y corajes. Las lecturas de los líderes políticos son de profundo coraje y revelan su odio por no ser queridos, admirados, seguidos, idolatrados. El desquite es descomunal, desproporcionado; una siembra de vientos.

Otro escenario es que el PRI venza en el Estado de México. El problema es la credibilidad del triunfo. Por ello es que piensan en el nocaut. Y la percepción es que para que haya nocaut el réferi permitirá juego sucio. Un limpio triunfo del PRI no es creíble a partir del volcamiento de gasto y sobornos para apabullar desde el inicio.

El triunfo priista bajo esas condiciones es la inyección de veneno. Máxime si ello lleva el triunfo de Riquelme en Coahuila. Reanima en el corto plazo pero mina los desvencijados andamios. El triunfo priista, bajo esas condiciones, construiría las bases de su propia derrota en el 2018. Fortalece la ansiedad masiva de cambio, justamente por el hartazgo de esas formas de soborno y de coacción.

A la contienda mexiquense le rodean tres en las que puede despuntar el fundamento de una singular alianza entre PAN y PRD. Si en Nayarit y Veracruz los candidatos de esa alianza triunfan, es inevitable que ese ensayo se convierta en un imán. Alimentará lo mismo: la necesidad -posibilidad- de cambio. Obvio, mientras eso no ilustre un proyecto, un programa, que esperance o anime, será mero oportunismo no de agua y aceite sino un champurrado que destila inquina y también quiere venganza.

http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=113523&po=3

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.