Boris desafía a sus críticos y toma con calma su dimisión

MILENIO

Boris Johnson dimitió pero no convenció. El primer ministro arrojó finalmente la toalla ayer, asegurando que “nadie es indispensable en política”, pero dilatando su partida al menos dos meses mientras el Partido Conservador elige a un nuevo líder. Decenas de diputados tories y la oposición laborista cerraron filas y le reclaman que abandone Downing Street de inmediato.

 

El más notorio fue el ex premier John Major, que publicó una carta pidiendo al Comité Parlamentario 1922 que intervenga para forzar su salida lo antes posible. Varios ex miembros de su gabinete se expresaron también a favor de la designación del “número dos” y secretario de Justicia, Dominic Raab, como primer ministro “interino”.

Johnson tiene que irse completamente”, recalcó el líder laborista Keir Starmer, que amenazó con una moción de censura que puede abrir las puertas a la disolución del Parlamento y a unas elecciones anticipadas si los conservadores no se deshacen urgentemente de su líder. “Solo ha traído al país mentiras, fraude y caos”.

El más elocuente de los viejos aliados de Johnson fue el secretario de Comercio, Kwasi Kwarteng: “Necesitamos un nuevo líder tan pronto como sea posible. Alguien que pueda reconstruir la confianza, sanar el país”.

 

Un corto adiós

Usando un tono enérgico y casi triunfalista que molestó a sus propios correligionarios, Johnson apareció al mediodía de ayer ante la puerta negra del número 10 de Downing Street para pronunciar un discurso de apenas seis minutos.

Ajeno a las críticas, anunció su intención de seguir temporalmente en el puesto hasta que se elija a su sucesor o sucesora y de acuerdo con un calendario que se hará público la próxima semana.

En un gesto de continuidad que disparó las alarmas, tras la cascada de más de 50 dimisiones en 72 horas, Johnson se desmarcó con nombramientos de un supuesto gobierno de unidad.

La noticia de su propia dimisión, después de pasar toda la noche aferrado al cargo, se la comunicó Johnson a las 8:30 de la mañana al presidente del Comité 1922, Graham Brady. Cuatro horas después, arropado en la cercanía por su esposa Carrie (con su hija Romy en un portabebés), Johnson se desmarcó con un discurso que fue la viva antítesis del que pronunció hace algo más de tres años su predecesora Theresa May con lágrimas en los ojos.

Reconoció de entrada “la voluntad de los parlamentarios del Partido Conservador” para elegir un nuevo líder y un nuevo primer ministro. Aun así, recalcó cómo había “intentado persuadir a mis colegas de que sería excéntrico cambiar de gobierno cuando estamos haciendo tanto, tenemos un vasto mandato y vamos solo unos cuantos puntos por detrás en las encuestas”.

Pasó por alto los escándalos de los últimos meses que propiciaron su caída: de las multas y los encubrimientos del Partygate a las evasivas en el caso de Chris Pincher, el aliado al que promocionó como “número dos” del Partido Conservador en el Parlamento pese a haber sido advertido sobre su conducta sexual.

Expresó su confianza en “este sistema darwiniano que producirá un líder igualmente comprometido para llevar adelante a este país en tiempos duros”.

Johnson pasará a la historia como el cuarto premier más “breve” desde mediados del siglo XX, tras Alec Douglas, Anthony Eden y Gordon Brown. Desde su ascenso al poder hasta el anuncio de su dimisión, pasó dos años y 348 días en Downing Street.

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