Salen de Ucrania, ahora esperan volver a México

REFORMA

Una manzana, varios yogurts, plátanos, pan, leche en polvo, comida, una botella grande de agua. Todo está sobre una mesa gris de un metro por un metro colocada en una esquina.

 

También hay dos camas individuales juntas, un aparato de calefacción -pues afuera la temperatura desciende a menos cero- y un baño limpio. El cuarto, silencioso, da a la calle y la luz entra por una ventana protegida por barrotes.

Es la habitación en la que, por ahora, duermen en la capital de Rumania la mexicana Silvia Cristina Flores y su hija Cristina Romaniuk, una bebé de un año y 3 meses de edad.

Fueron llevadas a este sitio la semana pasada, después de salir de Ucrania con la ayuda de amigos y de personal de la Cancillería.

“Llegué aquí, me dan este cuarto y fue como ‘wow’, inmediatamente me trajeron de comer”, comenta en la instalación habilitada como refugio para quienes huyeron de la guerra.

“(Vieron) qué necesitaba la niña, desde toallitas húmedas y pañales, el shampoo para bañarla, agua; para mí ha sido difícil, claro, pero me siento bendecida, muy bendecida”.

El refugio se encuentra en el primer piso de una instalación de la Dirección General de la Asistencia Social del Municipio de Bucarest, a unos 20 minutos del centro de la ciudad.

La fachada, pintada de amarillo pálido, no indica que sea un refugio para extranjeros, de hecho, tampoco tiene vigilancia especial, aunque el acceso sí está controlado.

En su interior, hay ciudadanos de varios países que tienen asignados distintos cuartos.

Las personas refugiadas, entre ellas ucranianas, reciben tres alimentos diarios y asistencia gratuita. Si el personal no habla el idioma, utilizan un traductor -en sus celulares- para comunicarse.

“Tal vez me trajeron aquí porque tengo a la niña”, comenta Cristina visiblemente agradecida de que le haya tocado ese refugio. “Incluso me ayudaron a limpiar hoy (ayer) en la mañana”.

Cuando las personas logran cruzar de Ucrania a Rumania, las autoridades les asignan refugio si no tienen a dónde llegar o no pueden costear su estancia.

En el caso de las personas mexicanas, la Cancillería toma conocimiento de los refugios asignados y brinda acompañamiento a los connacionales y sus familias.

Por ejemplo, la Embajadora de México en Ucrania, Olga Beatriz García Guillén, visitó ayer este refugio para hablar con Cristina.

Guillermo Ordorica, Embajador de México en Rumania, informó que varios mexicanos se encuentran en refugios habilitados en la capital de Rumania.

“Al llegar a Bucarest, con el apoyo de la autoridad local y la autoridad nacional se les ubicó en diferentes albergues que han sido habilitados para todas las personas, de todas las nacionalidades, que están saliendo de Ucrania”, señaló.

“Cada caso, cada historia por supuesto es de éxito, es también de tristeza, una historia de tragedia, pero una historia de optimismo”.

En entrevista, Ordorica aseveró que en dichos refugios los mexicanos están en condiciones adecuadas y “bien atendidos”.

“Comen bien, hay una serie de facilidades para ellos. Para su aseo personal, etcétera, son albergues bien logrados y eso es importante señalarlo”, agregó.
‘Espero volver a reunirnos’

Silvia Cristina Mercado Flores regresará a México con sentimientos encontrados.

Aunque esta semana se reunirá con su familia después de haber huido de la guerra en Ucrania, se alejará de su esposo, quien aún se encuentra en ese país.

Su esposo no intentó salir del país debido a que el Gobierno ucraniano impide la salida de los ciudadanos de 18 a 60 años.

“¿Mi expectativa? Bueno, queremos salir el martes a la Ciudad de México”, expresa en alusión al vuelo de la Fuerza Aérea Mexicana que saldrá ese día de la capital rumana.

“Ya mi familia dice… cuando leo mensajes como de ‘ya estás aquí’, yo no lo creo, todavía digo: ‘espérenme a que llegue y los pueda abrazar’… sigo en shock”.

Mercado será una de las decenas de personas mexicanas -y sus familiares- que viajarán en el segundo vuelo de “rescate” que dispuso el Gobierno federal.

La mujer, originaria de Nayarit, partirá junto con su hija Cristina Romaniuk, que tuvo con su esposo ucraniano.

“Él me dice: ‘pronto nos vamos a ver, pronto se va acabar y queremos que se acabe, pero no sé cuándo la niña volverá a ver a su papá, su papá la adora”, expresa consternada.

“Ha sido una niña súper valiente, entonces (queda) esperar que esto acabe y volver a reunirnos porque sí es bien difícil, yo sigo en shock, estoy completamente en shock”.

Desde una casa de asistencia, habilitada como refugio temporal para extranjeros que salieron de Ucrania por la invasión rusa, Mercado confía en reencontrarse pronto con su esposo.

-Después de que vayas a México ¿piensas regresar cuando cambien las cosas?, le pregunta REFORMA.

“Lo he platicado con mi esposo, no sé qué va a venir mañana, Ucrania necesita reconstruirse, él dice: ‘yo quiero estar aquí para ayudar a reconstruir'”, responde.

“Yo tenía pensado, habíamos planeado estar allá y acá (en Ucrania), era nuestro plan desde que nació la niña, porque a mi marido también le fascina México, siempre pensamos en eso, en los dos lugares, ahora no sé, no sé que va venir mañana”.

La mujer ya está haciendo planes laborales para cuando regrese a México después de más de un lustro de vivir en Járkov.

“Llegando yo creo que nos vamos para Nayarit y pues estar con mi familia, que me abracen, que me digan que todo va estar bien, que ya estoy a salvo”, expresa.

“Trabajar, claro, sí, yo estoy abierta y necesito trabajar, activarme otra vez, no sé en dónde, pero voy a trabajar.

“Ya tenía siete años viviendo acá, volver a ese rol, y ya con una niña, una beba, a lo mejor sí, claro, va ser algo diferente, pero ella es la que me da la fuerza”.

 

 

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