Partida de Francesca Gargallo Celentani deja un hueco al feminismo

DIARIO ROTATIVO/Por Sara Lovera y Elda Montiel

México, marzo (SEMlac).- La madrugada del jueves 3 de marzo, la filósofa, escritora, feminista y activista Francesa Gargallo Celentani emprendió el vuelo, dejando como legado su pensamiento, su simpatía y los recuerdos de cientos de mujeres que en encuentros, seminarios, talleres y conferencias se nutrieron de su conocimiento.

Sus funerales, en familia, serán en esta ciudad. Nos dejó, luego de luchar intensamente, porque amaba la vida. Controvertida, inteligente, con gran capacidad para debatir y absolutamente convencida de la importancia de la autonomía de las mujeres, se entregó a la vida, amó intensamente a Helena, viajó por el mundo, disfrutó cada instante. Así era.

No hace mucho, rescató espacios en esta ciudad, para usar su bicicleta, se adhirió con simpatía a la protesta de las jóvenes y a su capacidad creativa, le sumó sistemáticamente, esa de reflexión e indagación sobre las mujeres latinoamericanas. Y sobre ellas en la imaginación literaria.

Francesca
Integrante de la corriente autónoma, crítica del feminismo institucional, nació en Italia en 1956, naturalizada mexicana, en 1979, apenas llegó al país.

Hizo estudios de Filosofía en la Universidad de Roma “La Sapiencia”; obtuvo los grados de maestra y doctora en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fue investigadora y docente, descrita por sus colegas y alumnas como alegre, brillante y generosa, y a sí misma se definía en su blog como “escritora, caminante, madre de Helena, partícipe de redes y amigos”.

Desde los años ochenta del siglo pasado, Francesca Gargallo fue parte de los movimientos feministas mexicano y latinoamericano, trabajó con colectivos feministas autónomos, de mujeres indígenas y populares, de disidencias sexuales y derechos humanos.

En su libro Ideas feministas de América Latina critica fuertemente la noción de género, como el núcleo de un discurso que pretende homogeneizar la diferencia. Este discurso, sostiene, es un lastre del pensamiento de la dominación occidental que tiene sus raíces en el cristianismo – platonismo.

Ese discurso encuentra en las instituciones públicas una fuerza política capaz de fragmentar y desmovilizar los esfuerzos de distintas organizaciones y posturas feministas, debido a la incorporación de ideas a un discurso binario, que limita la multiplicidad femenina.

Para Brenda Rodríguez Ramírez, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, este libro es valioso porque brinda puntualmente los antecedentes y referentes del movimiento feminista en la recuperación crítica del pensamiento de valiosas filósofas como Ofelia Schutte, Graciela Hierro, Eli Bartra, Diana Maffía, María Luisa Femenías y Urania Ungo.

La ética feminista
Francesca Gargallo escribió incesantemente y narró el movimiento feminista de Latinoamérica, ese que se vive en las calles, en los pequeños círculos de autoconciencia, en las grandes manifestaciones antiglobalización, pero también en la academia y en la literatura.

Rodríguez Ramírez señala que uno de los méritos del libro es mostrar críticamente un movimiento que, desde la década de los noventa, parece eclipsado en un concepto que muy a menudo se queda vacío: “la perspectiva de género”. Según la autora, muchas feministas latinoamericanas lo han aceptado sin reservas y la radicalidad de la teoría y el movimiento feministas ha quedado condicionada a los financiamientos internacionales.

Agrega que, al leerse la teoría de género como una teoría light, han proliferado feministas de derecha -y aquí hablamos de hombres y mujeres-, quienes no dudan en apoyar iniciativas a favor de la no violencia contra las mujeres o leyes de cuotas; no obstante, guardan silencio cuando se trata de debatir temas más controversiales como el aborto y los derechos sexuales y reproductivos.

Afirma que es un texto valioso, en tanto nos muestra que las mujeres podemos encontrar nuestros referentes teóricos y nuestros modelos de liderazgo en otras mujeres cercanas a nuestra realidad.

Sí, hoy queremos escribir como Graciela Hierro o Rosario Castellanos, tener la fuerza y congruencia de la comandanta zapatista Esther o las Madres de Plaza de Mayo, nada tenemos que buscar a esas mujeres excepcionales en novelas o películas de ficción.

En “Feminismos desde Abya Yala: Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América”, muestra que la filosofía no necesariamente tiene que ser producida desde las universidades y la reflexión, sino que puede gestarse en la actividad con distintas realidades, en el diálogo, en la interacción con comunidades invisibilizadas por la historia.

Es objetivo del texto exponer que cada mujer, determinada por su contexto, se vincula, reflexiona, trabaja sobre el mundo y, por tanto, no existe una gradación que permita nominar a la mujer indígena como “primitiva” o “incivilizada”. Lo “primitivo” y lo “incivilizado” son conceptos que caen dentro del orden del discurso moderno, que pretende agrupar todo acontecimiento de la realidad bajo una unidad y direccionarlo a un fin, que está siempre determinado por los intereses de las clases hegemónicas.

Enamorada de la plástica, busca entre las artistas una expresión del placer y la fuerza del ser mujeres; narradora, encuentra en sus personajes la posibilidad de proponer otros puntos de vista sobre la realidad que no sean misóginos; viajera, le da valor a los pasos de las mujeres y el encuentro sobre un mundo que les pertenece.

Su libro de cuentos Verano con lluvia ha sido leído por mujeres feministas de varios países y ha sido recibo con aceptación y buena crítica. Entre sus libros de investigación se encuentran: Garífuna, Garínagu, Caribe (sobre la historia del pueblo garífuna); y Saharaui, el pueblo del sol (reflexión sobre la historia del pueblo saharaui desde hace 30 años en el exilio en Argelia).

Colaboró en revistas como Proceso. Formó parte de consejos editoriales de las publicaciones Cuadernos Americanos (Universidad Nacional Autónoma de México), Blanco móvil (revista literaria) y Pensares y quehaceres (Sociedad de Estudios Culturales Nuestra América), entre otros.

En 2002, fue fundadora de las licenciaturas de Filosofía e Historia de las Ideas y Literatura y Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). En 2009, ella y la doctora y activista Norma Morgrovejo inauguraron el Seminario de Feminismo Nuestroamericano como asignatura de la Maestría en Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

En 1987, con mención honorífica, presentó su tesis de doctorado “Las transformaciones de la conducta femenina bajo el impacto del conflicto sociomilitar en El Salvador”. En 1989, el doctor Enrique Saru Kan, rector de la UNAM, le otorga la medalla Gabino Barreda.

El 14 de julio del 2001 recibió el Primer Lugar en el área de conocimiento histórico en los Premios al Pensamiento Caribeño, Cancún, Quintana Roo. El 8 de marzo de 2002 obtuvo el Premio a la literatura escrita por una feminista, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y CONMUARTE.

En mayo del 2006 recibió la mención honorifica a “Ideas feministas latinoamericanas” en el primer premio Libertador al Pensamiento Crítico, otorgado por el Ministerio de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela.

En 2010 fue merecedora del Premio Luis Cardoza y Aragón a la crítica de arte por “Siete pintores de una generación sin nombre”, escrito en colaboración con el querido Rosario Galo Montoya Pantoja (Coquena), otorgado por Bellas Artes, México.

https://rotativo.com.mx/2022/03/07/mujer/partida-de-francesca-gargallo-celentani-deja-un-hueco-al-feminismo-951479/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.