“Aguililla está muerto, narcos lo acabaron”

EL UNIVERSAL

Las huellas de la guerra de los cárteles en Michoacán permanecen en medio de las operaciones del Ejército mexicano para pacificar y regresar el Estado de derecho en la región de la Tierra Caliente michoacana.

Son decenas de casas, negocios y señalamientos viales baleados, que representan el rastro de los enfrentamientos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y sus enemigos de los Cárteles Unidos en el municipio de Aguililla, por el control del territorio y de las actividades ilícitas.

Entre calles y plazas vacías, se ven fachadas, ventanas y puertas perforadas por balas de distintos calibres en los inmuebles de concreto y adobe de las comunidades de Naranjo de Chila, San José de Chila y El Aguaje, de acuerdo con un recorrido que realizó EL UNIVERSAL en estas rancherías.

Para los pocos pobladores que aún permanecen en las localidades de Aguililla, Michoacán, es normal ver las casas y comercios en esta situación, aunque la gran mayoría están abandonados porque sus ocupantes optaron por salir de la comunidad.

A unas cuadras de la plazuela central de Aguililla se encuentra una vivienda que había sido edificada con abobe, totalmente derrumbada: “Hay casas a las que les pusieron bombas, casas que están derrumbadas por la lucha de los cárteles en Aguililla”, comentó el señor Manuel, quien tiene un taller de bicicletas en el centro del municipio.

Por estos actos, aseguró, el pueblo “está muerto, todos tenemos miedo porque llegan unos y sacan a otros, nosotros sólo oímos lo que está pasando pero ahí la llevamos poco a poco y que sea lo que Dios quiera. Todas las noches nos encomendamos a Dios para que no nos pase nada”.

“¿Ustedes son de los buenos o de los malos?”, preguntó Alison a la sargento Marisol que pasaba frente a ella en la plaza de la cabecera municipal de Aguililla, donde realizaba labores de vigilancia.

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“De los buenos”, le respondió la militar con una sonrisa a la pequeña de cinco años de cabello rubio y ojos verdes, que le correspondió con un saludo levantando su mano derecha.

Sentada en una banca, Alison acompaña a su abuela María, quien pensativa contempla la plazuela semivacía y silenciosa, lo que indica que los pobladores de esa localidad de la Tierra Caliente michoacana siguen temerosos de salir y retomar su vida normal, pese al repliegue del Cártel Jalisco Nueva Generación por la entrada de las tropas del Ejército mexicano.

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Casas abandonadas por sus legítimos propietarios fueron blanco de saqueos y destrucción a manos de los integrantes de los cárteles de las drogas en pugna.
Abordada por EL UNIVERSAL, María narró cómo hace un año integrantes del CJNG la expulsaron del rancho donde vivía, junto con los demás habitantes, la despojaron de su casa, ganado y propiedades que obtuvo durante más de 30 años de trabajo a lado de su esposo.

“Nos quedamos sin nada, nos fuimos así con mis nietos, mis nueras, sin una cobija, así nos salimos, sin una cobija del rancho. Lo que yo pude agarrar a la carrera y sin deberle a nadie ni siquiera un cuchara”, relató.

La señora de 54 años recordó que de la noche a la mañana llegaron los presuntos criminales y les pidieron salir de la localidad para ser ocupada por ellos y asentar sus actividades ilícitas.

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“De la noche a la mañana llegaron, así nada más, ocuparon el rancho y después de un año regresamos y ya no hay nada, no puedo recoger ni una cazuela de mi casa, no hay nada, no nos dejaron ni el metate”, expresó con los ojos llorosos.

Con carpetas en mano, María acudió a la Asociación Ganadera local a pagar la patente de cinco de 11 cabezas de ganado que ha recuperado al momento, de las 40 que dejó cuando el Cártel Jalisco Nueva Generación le pidió dejar la comunidad perteneciente a Aguililla.

“Dejamos como 100 animales, 40 cabezas de ganado que eran vacas, toros, becerros y becerras, y sólo hemos encontrado 11. Es triste la verdad, es muy triste porque yo tenía a mis hijos que se iban contratados a Estados Unidos y ellos en el rancho compraban tierra y ganado, y de la noche a la mañana nos dijeron se van, ocupamos el rancho”, explicó.

La señora María detalló que los malos sacaron a toda la gente del rancho, se quedaron con las casas, el ganado, tierras y diversos sembradíos que ni cuidaron y se echaron a perder.

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“Así sacaron a toda la gente del rancho: simplemente se van porque ocupamos el rancho y se acabó. No podías discutir, no podías decir nada… me dejan esto y esto, todo lo que te decían tenías que entregar y muchas gracias, y nos vemos. Tienes hasta que agradecer porque te quitan lo tuyo.

“Es humillante, de lo más humillante llegar a recoger las sobras que te dejaron de lo que tú trabajaste, y a veces ni sobras hay porque no hay nada”, lamentó.

“Lo que menos queremos son problemas ya. Se acabó y se acabó. Así nomás entrega uno lo que hizo en toda su vida, no puedes hacer nada. Lo que puedas recoger, lo que pueda sobrar y muchas gracias y ya nos vamos”, añadió la mujer con tristeza.

 

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