Radicalización autoritaria

PABLO XAVIER BECERRA CHÁVEZ / LA CRÓNICA DE HOY

A partir de los resultados de la elección intermedia el presidente López Obrador inició un camino de radicalización de su estrategia para desarrollar su movimiento de “transformación”, lo que en los hechos ha corrido de manera paralela a una acentuación de las tendencias autoritarias del actuar presidencial.

El retroceso de su partido y sus aliados tanto en la Cámara de Diputados como en la Ciudad de México y el Estado de México fue atribuido a la traición de la clase media, a la que AMLO ha fustigado incansablemente desde entonces. Como nunca antes, olvidando que los triunfos de la izquierda en la Ciudad de México desde la década del noventa se debieron en buena medida a una clase media ilustrada y progresista, después de la elección de 2021 se ha dedicado a atacar a ese sector social: “aspiracionistas”, se dejan manipular por los medios de comunicación, en el pasado apoyaron el golpe contra Madero (sí, hace más de cien años), en otros países llegaron a apoyar a Hitler y a Pinochet, fueron algunas de las barbaridades con las que desde la tribuna presidencial se fustigó a la clase media que se atrevió a retirarle su voto. En alguna ocasión llegó a decir que el comportamiento egoísta de la clase media contrastaba con la actitud agradecida de los pobres, que sí son “buenos cristianos”.

Como resultado de la elección Morena y sus aliados perdieron la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, la mayoría en las alcaldías de la capital, la mayoría abrumadora en la legislatura de la Ciudad de México y varios municipios del Estado de México que había ganado tres años atrás.

Pablo Xavier Becerra Chávez.

Pablo Xavier Becerra Chávez.

Pero, al mismo tiempo, el triunfo en once de las quince gubernaturas en juego le permitió controlar los gobiernos de la mitad del país, lo que le da una plataforma inmejorable para preparar la elección presidencial de 2024. Aun no se disipaba el humo de la batalla electoral cuando el país se metió en una consulta popular con una pregunta sin sentido que tenía que ver con esclarecer decisiones de actores políticos del pasado, que AMLO y sus seguidores llamaron la “consulta para enjuiciar a los expresidentes del periodo neoliberal” (como era su intención original), que resultó un completo fracaso porque apenas logró que 7% de la ciudadanía acudiera a votos a pesar de la promoción permanente que el presidente y su partido hicieron por todos los medios.

Durante el proceso electoral y el proceso de consulta popular AMLO se inmiscuyó de todas las formas posibles, violando la constitución y las leyes. Apoyó a su partido y denostó a candidatos opositores sin límite alguno. El INE y el TEPJF se cansaron de llamarle la atención y de ordenarle respetar la ley y abstenerse de inmiscuirse en las cuestiones electorales, pero él siguió como si nada. Si ya antes del proceso electoral el presidente atacaba esporádicamente a las autoridades electorales, a partir de la elección arreció su ofensiva y amenazó con impulsar una reforma electoral para “barrer” con consejeros y magistrados electorales que se atrevían a desafiar su autoridad. La apuesta era empujar esa reforma inmediatamente después de la elección, pero la nueva integración de la Cámara de Diputados les arrojó una cubeta de agua helada en la cabeza porque a partir del primero de septiembre ya no tuvieron la mayoría calificada de la que disfrutaron durante la primera mitad del sexenio, y la reforma electoral que AMLO quería implicaba una reforma constitucional. Además, el presidente y su partido culparon a los consejeros del INE y a los magistrados del TEPJF de la reducción de su fuerza en la Cámara Baja (debido a un acuerdo del Consejo General que procuró disminuir la sobrerrepresentación que se produjo tres años atrás, acuerdo que fue avalado por el TEPJF), lo que acentuó el odio presidencial hacia esas instituciones electorales, a las que acusa de ser una herencia del periodo neoliberal y de ser representantes de sus adversarios los conservadores.

En estos tres años de gobierno AMLO ha desarrollado una ofensiva permanente contra los medios de comunicación críticos, contra la oposición, contra los organismos autónomos, contra los fideicomisos, contra los jueces que conceden amparos a quienes se oponen a sus obras o contra los científicos.

La vocación autoritaria del presidente se ha desplegado contra toda institución o actor político que se oponga, que lo critique o que retrase sus obras y su “cuarta transformación”. Hay que insistir en este punto: estamos hablando de una vocación autoritaria de AMLO, de su idea de encarnar un profundo proceso de transformación, que solamente él entiende, de su obsesión por alcanzar la unanimidad, pero el régimen político aún tiene algunas salvaguardas democráticas que le hacen frente. Los medios de comunicación críticos, tanto en la prensa escrita como en radio y televisión, algunos sitios de internet y las benditas redes sociales, constituyen espacios donde la pluralidad y la crítica fluyen. Por eso las mañaneras se han convertido en espacios de ataque permanente contra medios y periodistas críticos. El supuesto “derecho de réplica” del presidente en realidad es un derecho de ataque porque nunca aclara las informaciones que le parecen incorrectas, sino más bien ataca, insulta y trata de desacreditar a los medios incómodos. Nunca habíamos visto a un presidente que atacara a periódicos y periodistas en lo individual, con nombre y apellido, como lo vemos ahora.

Por supuesto, las otras salvaguardas del régimen democrático que resisten la tendencia autoritaria presidencial son los partidos de oposición, el Poder Judicial, el INAI, el INE y el TEPJF, todas ellas bajo el fuego permanente de la furia presidencial. Los partidos opositores lograron pasar la prueba de la elección intermedia, pero para ello debieron unirse y algunos de ellos jamás hubieran imaginado hacer alianza con partidos a los que consideraban enemigos mortales. El Poder Judicial ha estado bajo el asedio presidencial permanente, lo mismo que las autoridades electorales y el INAI. Pero el asedio seguirá hasta el último día de este sexenio y apenas vamos a la mitad.

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