El club de los negacionistas de Biden… y tres “traidores” que lo abandonaron

FRAN RUIZ / LA CRÓNICA DE HOY

1.- Vladimir Putin. El presidente de Rusia no montó un batallón de hackeadores y “bots” para atacar la campaña demócrata —como hizo en 2016 y le funcionó muy bien— y encima tener que reconocer al candidato que no quería que ganara: Joe Biden.

Putin necesita que siga Trump porque es es el perfecto “tonto útil” (o el “cachorro del Kremlin”, como dijo de él Biden en su primer debate), que mire a otro lado cuando trata de envenenar a sus rivales políticos, o se distraiga peleándose con China cuando Rusia envía armas a dictadores como el sirio o el bielorruso.

Resulta irónico que Putin se resista a reconocer la victoria de Biden, alegando que no debe hacerlo, mientras haya sospechas de irregularidades. En esa misma lógica, ningún gobierno podría reconocerle como presidente de Rusia, dada la brutal represión contra los opositores rusos.

2.- Jair Bolsonaro. Si en sus manos estuviera, el presidente de Brasil haría honor a su segundo nombre -Messias- y obraría un milagro para que Donald Trump siguiera de presidente de EU. Es tal la adoración que siente por el republicano que le encanta que le llamen el “Trump de los trópicos”, ya que coincide con él básicamente en todo: niega el cambio climático y la pandemia, y da crédito a todas las teorías conspirativas, empezando por la que anuncia la conversión del EU en un estado socialista de la mano de Biden.

No ha acabado la luna de miel entre populista gringo y el populista tropical, y el primero va a tener que hacer las maletas.

3.- Xi Jinping. Por contradictorio que parezca, el presidente de China se resiste a reconocer la victoria de Biden, pese a que lleva cuatro años siendo apaleado por Trump, quien le declaró la guerra comercial y diplomática, y poco faltó para que se enfrentaran las dos superpotencias en las aguas del mar de China.

La única explicación plausible, dada la opacidad del régimen comunista, es que Trump sigue siendo presidente hasta el 20 de enero y el líder chino no quiere irritar aún más al impredecible y vengativo presidente de EU. Pekín opta por la cautela, ya que no duda de que el republicano es capaz de todo para aferrarse al poder, con tal de que no pueda ser juzgados por sus delitos fiscales (y los que vayan saliendo).

4.- Kim Jong-un. Aunque el régimen norcoreano nunca ha felicitado al candidato electo de la nación enemiga por excelencia, nadie duda de que Kim Jong-un extrañará esa relación de amor-odio que tuvo con Trump, a quien veía a veces como un payaso loco y a veces como al padre que perdió. Lo mismo un día se insultaban y presumen de quién tiene el misil nuclear más grande y al día siguiente se dan un apretón de manos en la frontera intercoreana.

A Biden lo ve demasiado cuerdo y con sentido común; o sea, más peligroso.

5.- Andrés Manuel López Obrador. El caso del presidente de México —y en general de la clase política nacional— es particularmente curioso. Mientras el PRI y el conservador PAN felicitaron a Biden nada más conocerse que había ganado, AMLO seguía sin hacerlo tres días después y daba crédito a la teoría conspirativa de que le robaron las elecciones, pese a que no ha aportado pruebas. De esta manera, el líder de un movimiento que asegura ser de izquierda y antineoliberal mostraba su preferencia por el presidente más neoliberal de la historia moderna de EU y el que menos ha hecho por los pobres, a los que quiere quitarles hasta el derecho a un seguro médico gratuito.

Además, cae en una contradicción cuando señala que su política es la de no reconocer a un ganador mientras no termine el escrutinio y se aclaren todas las irregularidades. Hace justo un año, felicitó a Evo Morales nada más proclamarse ganador en Bolivia, pese a que se cayó el sistema en pleno escrutinio y se acumularon múltiples denuncias de fraude.

LOS QUE SE SALIERON DEL CLUB: BENJAMÍN NETANYAHU, MOHAMED BIN SALMAN Y BORIS JOHNSONEl primer ministro israelí, el príncipe heredero saudí y el premier inglés ya han felicitado al presidente electo Joe Biden. Para un megalómano y un narcisista compulsivo como lo es Donald Trump, el gesto de los conservadores Netayahu, Bin Salman y Johnson, los tres líderes a los que más mimó, tuvo que haberle dolido en el alma.

Al líder derechista israelí —desesperado por seguir en el cargo, para evitar ser juzgado por corrupción— le regaló el traslado de la embajada de EU a Jerusalén cuando más lo necesitaba: antes de las elecciones.

Al príncipe le regaló el honor de ser Arabia Saudí el primer país que visitaba como presidente, rompiendo así la tradición de que fuera a Canadá o a México, primer viaje internacional de George W. Bush. Pero, sobre todo, protegió al siniestro Bin Salman de duras sanciones por haber ordenado asesinar al periodista saudí Jamal Khashoggi, crítico con su régimen.

Al líder tory británico le prometió un tratado comercial preferencial y una alianza inquebrantable, que no ha nacido aún y ya nace muerta.

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