Gobiernos locales deben terminar con su pereza fiscal: Héctor Villarreal

LUIS MIGUEL GONZÁLEZ / EL ECONOMISTA

Entrevista. Héctor Villarreal Páez, director general del CIEP.
México necesita una cirugía mayor en materia fiscal y uno de los asuntos más relevantes es acabar con la pereza fiscal de los Estados y Municipios, ellos están recaudando apenas 0.7% del PIB y no se han adaptado a una nueva realidad presupuestal precaria, dice Héctor Villarreal Páez. “Hay urgencia de hacer los cambios, porque ya no hay ingresos petroleros que repartir y, además, la caída de la economía reduce los ingresos tributarios. Sería muy útil hacer una especie de Convención Nacional Hacendaria… no se trata de ir por dos o tres puntos del PIB en recaudación, sino de encontrar mecanismos para resolver los grandes temas de ingreso y gasto público”, afirma el director general del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP). “Hablar de presupuesto nos obliga a poner en la mesa muchos temas: Pemex, pensiones, el sistema de salud que queremos, el que podemos financiar”, opina uno de los mayores expertos sobre el presupuesto.

Se ha abierto la discusión sobre el Pacto Fiscal y hay riesgos para los estados que lo piden, “Michoacán podría ser uno de los grandes perdedores… en la fórmula que se pactó en 2007 el gran ganador fue el Estado de México. El que más perdió fue Ciudad de México. No creo que ninguno de los dos quiera hacer cambios”.

Tenemos a los gobernadores de la alianza; a los de Morena; a Hacienda y al Presidente. ¿Cómo romper el nudo? ¿Qué tanto se debe involucrar López Obrador?

Deberíamos ir a una especie de Convención Hacendaria. El presidente debería convocar. Mucho va a depender de lo que pase en las elecciones. A la mejor, eso abre la oportunidad de plantearnos preguntas muy incómodas pero importantes. Discutir la corresponsabilidad fiscal implica tener claro el papel que deben jugar los estados. Las funciones de los estados son ambiguas. Está bien definida la federación y el municipio, pero los estados No.

¿Quién debe estar en la convención fiscal?
La orquesta la tiene que dirigir la SHCP. Necesitamos un enfoque sistémico. No se puede convocar una convención hacendaria para arreglar un solo problema. La coyuntura es tan compleja que, si no discutes cinco o seis temas al mismo tiempo, no puedes arreglar el sistema. No me imagino hablar de finanzas de los estados si no pones en la mesa pensiones y Pemex, al menos. También debemos poner en la mesa qué vamos a hacer con el sistema de salud y la agenda de infraestructura. El Legislativo debe estar. También tienen que estar gobernadores, académicos, empresarios, sociedad civil. Una gran convocatoria y un ánimo constructivo.

—¿Hay espacio para cambiar las fórmulas?
Es un tema que se debe explorar más. En el 2007, estando Carstens en Hacienda y Gonzalez Anaya en la Coordinación con Entidades Federativas, se modificaron las fórmulas. El gran ganador resultó el Estado de México y el gran perdedor, Ciudad de México, pero creo que ninguno de los dos quiere cambiar la fórmula. Abrirlas ahorita trae riesgos para los 10 estados que lo están pidiendo. Uno de los perdedores podría ser Michoacán. Los otros siete (los morenistas) tendrán un bloque para defender el statu quo en el sureste. Sin tocar la fórmula se puede avanzar mucho con un nuevo acuerdo sobre la recaudación local. La Federación podría ceder en algunas cosas, puede ser en salud, en energía. Los gobernadores necesitan quedarse con algunos caramelitos. Se puede lograr mucho en la medida en que se pueda ampliar el espacio fiscal. Una cosa que sería lógica y donde todos ganan es que haya un compromiso de inversiones para mejorar la infraestructura de recaudación a nivel local. Lo peor que puede pasar es que todos pierdan.

—¿Qué debe pasar para que todos pierdan?
Se produce una convención hacendaria donde todos rompen lanzas y no se logra absolutamente nada. Se pone muy tóxica la discusión con Pemex y pensiones queda fuera de las mesas. En lo político, fuera de la convención, no hay acuerdos para mejorar los ingresos o para dedicar el gasto a lo que más necesitamos.

—¿Cuáles son las prioridades en materia de gasto?
En materia de gasto los temas parecen claros: qué vamos a hacer con pensiones; cómo financiamos un sistema de salud público; qué hacemos con educación, incluyendo educación de primera infancia. Qué queremos hacer en Infraestructura y seguridad pública. Cuánto invertimos en Pemex y dónde.

—¿En qué se tienen que poner las pilas los tres niveles de Gobierno, local, estatal y federal?
Los gobiernos locales deben dejar atrás la pereza fiscal. Los grandes impuestos son federales, pero lo que están recaudando los gobiernos subnacionales es 0.7% del PIB. No es nada, es tenencia, impuesto de nómina y algunos derechos. Si tú quitas Ciudad de México, Nuevo León, Quintana Roo y, en menor medida, Baja California, la cifra se acerca a cero. Hay ingresos que son relativamente fáciles de agarrar. Tenencia federalizada. Donde podría comprometerse una pequeña parte de los recursos a infraestructura. Evitar que lo que se recaude vaya a nóminas. Vale la pena retomar la experiencia de Carlos Urzúa en la Ciudad de México, cuando centralizó los catastros, mejoró la recaudación. Eso podría replicarse. Crear SATS estatales, sin crear burocracia, ordenar los catastros. Poner predial razonable y participar a los ayuntamientos con una buena proporción de lo que se recaude. La federación se tiene que poner las pilas en no alimentar incentivos perversos. Si un estado empieza a recaudar bien, apoyarlo. No sobreproteger a los estados débiles cuando no hagan su esfuerzos.

—¿Hay experiencias internacionales de las que podríamos aprender?
Del tamaño de lo que estamos hablando, hay muy pocas. Los países escandinavos vivieron un cambio enorme en los setenta que vale la pena considerar. Podemos pensar que son primer mundo y esas cosas, pero fiscalmente estaban muy mal. Revisaría la discusión y lo que va a suceder en Chile con la nueva constitución. Muchas de sus discusiones van a estar sustentadas en números. Podemos aprender de la experiencia de Costa Rica. Cómo trataron de financiar su Estado Social. Lo que les salió bien y lo que les salió mal.

Es un tema complejo. Me gustaría que nos ayudaras a entender cómo llegamos al punto en el que estamos.

Para entender lo que nos pasa es necesario remontarnos al principio del gobierno de Fox. Ahí se perdió una gran oportunidad. En 2001-2002 los gobernadores estaban acostumbrados a Haciendas Públicas relativamente pobres y con el triunfo de Fox estaban preparados para grandes cambios. Muchos gobernadores priistas pensaban que los iban a traer bien cortitos y asumían que les tocaba ser más responsables fiscalmente. Parecía que iban a pasar muchas cosas y, de repente, se nos cruzó el auge petrolero. Fue una locura. Los precios se fueron para arriba, entonces producíamos más de 3 millones de barriles diarios. Eso trajo mucho dinero al gobierno durante 11 años y nos exentó de hacer las tareas. No termino de entender lo que pasó entonces; Paco Gil, entonces secretario de Hacienda, cedió muchísimas cosas a los estados. No lo termino de entender, porque Gil es un economista muy competente y conocía las circunstancias. Les entregó toneladas de dinero a los estados en participaciones y aportaciones, sin pedir nada a cambio. No podemos entender los virreyes priistas sin tener en cuenta lo que pasó en este periodo. Llegamos al 2014, donde empieza a agotarse la bonanza del petróleo. Se vuelve más difícil sostener presupuestos crecientes para los gobiernos subnacionales.

—¿Qué pasó en el sexenio de Peña Nieto?
En el sexenio de Peña el ramo 23 jugó un rol muy importante. En particular los recursos que se metían en los cajones de saneamiento financiero y apoyo financiero. Lo curioso es que estos recursos se integraban por ingresos no presupuestados en los respectivos paquetes. Teníamos gobiernos estatales muy enojados porque los gobernadores anteriores los habían dejado quebrados. Coahuila es el caso emblemático, pero no el único. Los gobernadores le decían a Hacienda “mira como estoy y además, con la ley de Disciplina Financiera, me metieron en camisa de fuerza”. Hacienda les contestaba “No te preocupes, lo vamos a resolver”. Se volvió una práctica muy común en el sexenio de Peña subestimar ingresos (decían que era por un criterio prudencial) y cuando se pasaba el techo presupuestado en ingresos, los recursos eran de libre disposición. Los mandaban al ramo 23 y al final del año le daban una ayudadita a los Estados que se portaban bien. Teníamos este tipo de arreglos. Otro aspecto de ese acuerdo del sexenio pasado, que los de la Alianza Federalista están peleando o tienen en mente, está relacionado con otros recursos adicionales. Además del ramo 28 y el ramo 33 y las ayudas del ramo 23, había negociaciones que tenían que ver con otros rubros del presupuesto. El gobernador solicitaba apoyo para construir una presa, una carretera o para impulsar un programa. Estos apoyos eran discrecionales y le daban mucho oxígeno a los gobernadores.

—¿Qué pasa en la 4T?
Hay un rompimiento brutal del esquema. En el primer año de la 4T hay un incremento de las participaciones, muy pequeño. Hasta que llegamos al 2020, cuando viene un frenón. No hay ramo 23 ni compensaciones al final del año. Lo que les dice el presidente a los gobernadores es “con la pena, pero yo no tengo dinero”. Esto contrasta con el sexenio anterior. Si bien no estábamos en jauja, el gobierno de Peña se las ingenió para que las participaciones siguieran creciendo, aunque los ingresos petroleros cayeran, la recaudación seguía subiendo. Si se revisa el 2014, el hueco fiscal se nota en el gobierno federal. Se ven obligados a hacer un ajuste drástico entre 2016 y 2017. Como la recaudación tributaria subía, las participaciones mantuvieron esa inercia.

—¿Cómo ves a los gobiernos locales?
No se han adaptado a una realidad presupuestal precaria. Con la bonanza petrolera, las nóminas en los estados crecieron bestialmente. En 2002 o 2003 las burocracias en los estados eran relativamente pequeñas. La parte grande eran los maestros. Después, con la descentralización de los servicios de salud, crece la nómina de médicos y enfermeros. La estructura burocrática deja de ser chica. Otro tema que requiere más atención es lo que ha pasado en algunos estados, donde los mejores empleos son los del gobierno. Hay excepciones, pero gran parte del auge petrolero se canalizó a gasto corriente y tuvo como efecto el nacimiento de estas burocracias que requieren mucho mantenimiento.

Alianza Federalista se centrará en el presupuesto 2021
Los gobernadores de la Alianza Federalista propusieron que se posponga unos días la discusión del pacto fiscal y que se concentre la atención en el presupuesto del 2021.

Por medio de una carta dirigida al presidente Andrés Manuel López Obrador, los gobernadores de NL, Coahuila, Tamaulipas, Durango, Michoacán, Jalisco, Colima, Chihuahua, Guanajuato y Aguascalientes dieron a conocer que buscan que ningún estado reciba el próximo año menos recursos en términos reales y anuales.

Para evitar una disminución, proponen la distribución geográfica de recursos pendientes; garantizar la inclusión de proyectos específicos de infraestructura que reactiven las economías estatales, y generar un fondo de estabilización en caso de que no se alcance la meta de la Recaudación Federal Participable, usando remanentes de operación del Banxico o subejercicios del PEF 2020 y 20201.

https://www.eleconomista.com.mx/estados/Gobiernos-locales-deben-terminar-con-su-pereza-fiscal-Hector-Villarreal-20201102-0114.html

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