Retiro de monumentos ¿hacia una historia hegemónica?

ANTONIO DÍAZ / EL UNIVERSAL

das en Estados Unidos, Bélgica, Colombia, Chile, Argentina y Bolivia, bajo el argumento de que fueron “genocidas” o “esclavistas”.

En en el país, autoridades del gobierno de la Ciudad de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia retiraron la estatua del “descubridor” de América para darle mantenimiento, acción que se tomó en el contexto de iniciativas para derribarla.

Especialistas reflexionan sobre los riesgos que implican retirar, pintar o derribar esas obras. Hoy, en el marco de los 528 años de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano y en el contexto de las expresiones contra estatuas y monumentos en diferentes partes del mundo, el historiador Alfredo Ávila, la restauradora Norma García, el antropólogo Bolfy Cottom y el sociólogo Aldo Fabián Hernández analizan el papel histórico de esas piezas —algunas con valor artístico o declaradas como Patrimonio—.

Alfredo Ávila, historiador de la UNAM, afirma que “el derribo de estatuas y monumentos no atenta contra la historia, sólo la continúa”, porque la historia es “un relato sobre el pasado”; sin embargo, señala que estas acciones sí atentan contra una versión del pasado e implican riesgos porque afectan piezas de valor artístico.

“Se atenta contra un relato que se impuso sobre el pasado y hay grupos que quieren reformularla, destruir esa memoria, porque consideran que fue impuesta violentamente y por lo tanto hay que cambiarla para establecer otro tipo de memoria sobre el pasado”, declara Ávila.

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En septiembre, indígenas Misak tiraron una estatua del co nquistador espa ñol Sebastián de Belalcázar. 

Sin embargo, Aldo Fabián Hernández, sociólogo y profesor de Arte y Patrimonio Cultural de la UACM, sostiene que atravesamos por un momento en el que se confrontan las verdades dominantes de un periodo, a través de expresiones como el retiro de monumentos.

“Pareciera una contradicción estar de acuerdo con esas manifestaciones, pero creo que el patrimonio está vivo y con esto se actualizan debates históricos. Hay monumentos que no abonan a la memoria, no abonan a una nueva visión histórica y glorifican hechos que son lamentables. No soy de la idea de romper monumentos, sino de removerlos y establecerlos en museos como algo del pasado que tiene que estudiarse, para llamar al debate y al conocimiento de la historia. Con Colón es muy claro, cuántos saben que mató y aperreó indígenas, pero no lo vemos, se ha construido un discurso colonial que ya no corresponde para el siglo XXI”, dice el sociólogo.

Ávila diferencia entre “historia” —investigación que conduce a artículos fundamentados— y “memoria” —aquella a la que no le interesa explicar el pasado, sino construir identidades—: “El Estado siempre ha tenido el interés de que los que viven en México consideren que son parte de un mismo país y que tienen un mismo pasado y por lo tanto una memoria. La memoria se construye con héroes y villanos, tradiciones y de pronto vemos que hay grupos sociales que no eran tan visibles y que hoy no quieren la memoria que se les está imponiendo desde el Estado”.

Por ejemplo, cuando “se atenta” contra una figura de Cristóbal Colón, se hace hacia un tipo de memoria impuesta, pero Ávila alerta sobre dos riesgos cuando se atenta contra una “memoria”. El primero son las posibles afectaciones hacia un objeto que tiene cierta calidad artística y que pudiera estar catalogado como Patrimonio de la Nación. Ejemplifica que en 1824, cuando México fue una república independiente, hubo movimientos para derribar la estatua de Carlos IV, el Caballito, pero Lucas Alamán decidió resguardarla, porque la consideraba artísticamente importante. En Puebla, una columna de Carlos III fue derribada.

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La madrugada del sábado, el gobierno capitalino retiró las estatuas de Colón y de varios frailes. Foto: CARLOS MEJÍA. EL UNIVERSAL

El segundo riesgo, señala Ávila, consiste en que cuando se daña una memoria, “se sustituya una memoria hegemónica del Estado por otra memoria que sea igualmente dicotómica y por lo tanto excluyente, o que también sea autoritaria, cuando en realidad no hay héroes ni villanos, sino personas que tienen intereses y que actúan a partir de ellos”.

Renombrar calles

La madrugada del sábado el gobierno de la CDMX retiró las estatuas de Cristóbal Colón y de los frailes Pedro de Gante, Bartolomé de las Casas, Juan Pérez de Marchena y Diego de Deza, que estaban en Reforma. Las autoridades argumentaron que fueron retiradas para “darle mantenimiento a la Glorieta de Cristóbal Colón. La de Colón fue la primera colocada en Paseo de la Reforma en 1877. Lo cierto es que el retiro de la estatua de Colón, donada a la Ciudad por el empresario Antonio Escandón, se dio dos días antes del 12 de octubre, fecha para la que en redes sociales se había convocado a su derribo.

Ávila sostiene que derribar una estatua va más allá de la ideología entendida como el “conjunto creencias a través de las cuales interpretamos la realidad”. Tienen que ver la memoria y la forma en que determinados grupos entienden su pasado y cómo ese pasado provoca identidad.

El peligro de tirar estatuas, dice Ávila, está en que se haga lo mismo que en otras épocas, pues por ejemplo, en Paseo de la Reforma hay estatuas de hombres que “la mayor parte de la gente ni siquiera sabe quiénes son”, que fueron vandalizadas durante diferentes marchas feministas.

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La de Colón fue la primera estatua colocada en Paseo de la Reforma en 1877. Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL

“La respuesta de un sector ha sido que se instalen estatuas de mujeres y lo que se termina haciendo es lo mismo: buscar a mujeres que tengan características que convencen ideológicamente. Es decir, se mantiene la misma lógica de imposición. Se planea poner una estatua de Margarita Maza de Juárez, cuya gran virtud fue ser esposa de Benito Juárez, no hay muchas otras razones para que esté ahí”, declara Ávila.

El antropólogo Bolfy Cottom coincide con Ávila, pues derribar estatuas es una reacción contra determinados símbolos y testimonios, “porque hay sectores de la sociedad que sienten que hieren su presente. Sin embargo, los monumentos no debieran ser vistos como objetos hirientes, porque son testimonios de procesos sociales y una fuente de conocimiento”.

Sin embargo, explica que en diferentes partes del mundo se esta retrocediendo a “nacionalismos fundamentalistas”, aquellos en los que se pretende instaurar una verdad absoluta, en este caso del pasado, que pudiera ser intolerante, aunque enfatiza: “Nos guste o no, Cristóbal Colón fue un personaje histórico que jugó un papel en lo que pudiéramos llamar la primera globalización”.

Además de retirar la escultura de Colón, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum dijo hace unos días que comenzará un proceso de consulta con vecinos para quitar nombres de personajes políticos que fueron responsables de actos de represión en la segunda mitad del siglo XX, de calles, plazas y colonias y de la capital.

528 años DE LA LLEGADA de Cristóbal Colón al continente se conmemoran este 12 de octubre
Bolfy Cottom dice que “si un gobernante afirma que el nombre de un personaje es represor, es su visión, pero eso no justifica que el conocimiento respecto de ese monumento, de ese símbolo, sea útil para la historia. ¿Qué sucedería si no tuviéramos esos monumentos que a algunos les parecen negativos? Probablemente desconoceríamos ese proceso de la historia. Es papel de las comunidades permitir si permanecen o no, pero si es una acción desde el poder se impone una visión”.

Para el antropólogo, “esto no deja de ser parte del sistema capitalista, porque pareciera que ahora nos obligan a consumir memoria, historia y pasado, y pareciera que presente y futuro no importan mucho, sino el pasado. Una cosa es recordar, pensar en la historia y cómo recordamos y cómo la utilizamos”.

¿Consultas y educación?
Alfredo Ávila, Norma García y Aldo Fabián Hernández coinciden en que sí es viable retirar alguna estatua o monumentos, siempre y cuando se cumplan ciertas normas; sin embargo, alertan sobre la posibilidad de retirar una “memoria hegemónica”, a cambio de otra con las mismas características. Por ejemplo, dice Ávila, en España se quitaron los nombres de calles de franquistas y, hace poco, la derecha consiguió que fueran retirados nombres del partido comunista: “Es un juego en el que una parte quita y luego lo hace la otra parte”.

Ávila propone que a la par del retiro de estatuas se tendría que emprender una serie de acciones como “una campaña muy importante de difusión del conocimiento histórico que tenemos sobre esos personajes, calles y monumentos. Por ejemplo, si se quita por completo la de Colón, que se explique quién fue, quién la puso y en qué contexto lo hizo. Esa es una labor que tienen que hacer las autoridades, pero también la prensa para abrir el debate histórico”.

La restauradora Norma García indica que también se debe hacer un trabajo con antropólogos sociales para encontrar una solución viable y un plan de gestión para conciliar los diferentes puntos de vista en la sociedad.

Sin embargo, Bolfy Cottom sostiene: “La decisión de retirarlos o removerlos, es una acción política e ideológica. Preguntar a la gente si se siente representada por tal o cual monumento quiere decir que se está confundiendo la arena, porque esos bienes fueron decisión de una sociedad. Hay que reconocer la diversidad de monumentos y testimonios y qué papel están jugando en la sociedad, más que confrontar a la sociedad sobre si se quitan o no, porque en el fondo, se eliminan, por más amargas que sean, páginas de la historia y no tenemos derecho a eso”.

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