Su salud, lo que más ocultan los presidentes, un análisis de Concepción Badillo desde Washington

CONCEPCIÓN BADILLO / LA CRÓNICA DE HOY

El presidente Donald Trump tiene un problema de credibilidad tan grande que cuando el viernes pasado él mismo anunció que había resultado positivo al coronavirus, mi primera reacción y la de mucha gente, fue que mentía. Después supimos por reportes contradictorios de sus médicos que tal vez no. Que sí estaba enfermo. Ahora con su recuperación milagrosa lo único claro es que ni sus conciudadanos ni el mundo, tienen la historia completa.

Desafortunadamente el mandatario se ha ganado a pulso la reputación de mentiroso y aun cuando lo hemos visto ir y salir del hospital, lo más seguro es que nunca vamos a saber que le pasó en realidad. O si sólo quiso tratar de demostrar que ha estado acertado desde el principio, cuando, en contra de la ciencia, empezó a decir que el COVID-19 no era peor que la influenza.

Sin embargo no es el único presidente que ha mentido sobre los males que le aquejan y si bien este país tiene un poco más de transparencia que otras naciones, aún aquí la verdad tarda en salir. Con decir que todavía no se sabe y quizás nunca se sabrá, por qué estuvo Trump inesperadamente en el mismo Centro Médico Militar Walter Reed en noviembre de 2019.

Es claro que lo que más ocultan los gobernantes, aquí y en todos lados, es su estado de salud. Piensan que eso y con frecuencia su peso, es algo privado que sólo les concierne a ellos. Temen, como es el caso de Trump, que admitir un mal físico los hace parecer políticamente débiles.

Trump parece haber seguido el ejemplo de Woodrow Wilson, cuya presidencia también se vio afectada por una pandemia, la de la influenza que en 1918-19 llevó a la muerte a 675 mil estadunidenses. En ambos casos los mandatarios cayeron enfermos y ambos tuvieron que decidir que tanto decirle al público.

Cuando presentó los primeros síntomas, Wilson estaba en París en pláticas tendientes a poner fin a la Primera Guerra Mundial y los historiadores dicen que no quiso distraer a sus conciudadanos del esfuerzo en terminar el conflicto. Poco después sufrió un derrame cerebral y quedó parcialmente paralizado por el resto de su vida, pero nunca dijo la verdad y mucho se dice que su mujer era quien gobernaba.

La historia de este país está repleta de casos en que los presidentes han mentido sobre sus enfermedades: Thomas Jefferson sufría frecuente e inexplicablemente de diarrea, pero nunca se supo. A William Henry Harrison el frío en la ceremonia de toma de posesión le dio neumonía, no se dijo nada y murió al mes de llegar al poder. Glover Cleveland se sometió a una cirugía para removerle un cáncer en la garganta, como era bastante obeso y temía por su vida, lo hizo escondido a bordo de un yate privado.

Más reciente, en el siglo XX, Franklin Roosevelt sí admitió que había contraído polio, pero nunca le dijo a sus gobernados que jamás recuperó el uso de las piernas y de hecho los fotógrafos tenían prohibido tomarle fotos al salir o entrar a un auto. Sufría también de presión arterial y bronquitis. Nada dijo y fue reelecto. Asumió en enero, sólo para morir tres meses después, el 12 de abril de 1945.

Pero quizás ningún otro jefe de la Casa Blanca ocultó mejor sus males que John F Kennedy, que electo a los 43 años de edad se convirtió casi en leyenda por su juventud y el vigor físico que mostraba. Sin embargo, sus biógrafos aseguran que padecía de graves problemas con la espalda y las piernas. Tomaba ocho diferentes medicamentos al día, incluyendo fuertes pastillas para el dolor, píldoras para dormir, hormonas y otros estimulantes.

Cuando el intento de asesinato a Ronald Reagan, la gente pudo verlo en video, pero aun así la noticia más difundida fue que el presidente, convaleciente, bromeaba con los médicos y enfermeras, casi no se mencionaba su gravedad y lo cerca que estuvo de la muerte.

Cuatro presidentes de este país murieron de causas naturales mientras estaban en funciones, el resto en su mayoría, sufrió y ocultaron todo tipo de vicios o enfermedades. Si el pasado sirve de guía, es claro que la verdad sobre la salud de Trump, a un mes de las elecciones, seguirá en secreto. Si otros, republicanos y demócratas, con fama de honestos, mintieron, qué se puede esperar de él, el más deshonesto de todos.

https://www.cronica.com.mx/notas-su_salud_lo_que_mas_ocultan_los_presidentes_una_analisis_de_concepcion_badillo_desde_washington-1166216-2020

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.