Duele a México la muerte de su Nobel Mario Molina

JOSÉ GERARDO MEJÍA / LA RAZÓN DE MÉXICO

El ingeniero químico Mario Molina, ganador del premio Nobel de Química 1995 por sus investigaciones sobre la química atmosférica y el agujero en la capa de ozono, falleció a los 77 años de edad.

Las novelas de piratas fueron sustituidas por las biografías de científicos famosos y en 1965 se graduó como ingeniero químico en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); posteriormente estudió un posgrado en la Universidad de Friburgo en Alemania, sobre la cinética de polimerizaciones.

“Siguiendo con la tradición familiar de enviar a sus hijos al extranjero por un par de años, y consciente de mi interés en la química, (mis padres) me enviaron a un internado en Suiza cuando tenía 11 años, suponiendo que el alemán era un idioma importante para un futuro químico para aprender”, confió en una entrevista a un diario europeo en 2009.

En 1968 estudió un doctorado en la Universidad de Berkeley, California en fisicoquímica y en 1989 comenzó a dar clases en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

En 2007 comentó a un diario nacional: “me dí cuenta de que también había, pero muy pocos, científicos latinos. Hubo buenos, pero muy pocos, porque no había tanta tradición de ser un científico en nuestra cultura. Pero esto está cambiando”.

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Descubrió que los gases industriales conocidos como CFC (clorofluorocarbonos) eliminaban el ozono que protege a la Tierra de los rayos solares ultravioletas, estudios que lo llevaron a recibir el Premio Nobel, para convertirse en uno de los tres mexicanos en recibir dicho galardón junto a Alfonso García Robles (de la Paz), en 1982 y Octavio Paz, (de Literatura), en 1990.

El doctor Molina fue uno de los pioneros en investigar la química atmosférica e impulsó estudios sobre el cambio climático y la necesidad acelerar la transición energética en México y el mundo.

“Es bien sabido que el calentamiento global se debe a los gases de efecto invernadero. Lo que es incierto son las proyecciones sobre aspectos específicos en las próximas décadas, según el cambio climático”, dijo en alguna ocasión.

Por su labor y contribución a la ciencia, Mario Molina recibió a través de los años, más de 40 doctorados Honoris Causa, el Premio Tyler de Energía y Ecología, en 1983; el Premio Sasakawa de las Naciones Unidas, cuyo coordinador residente del organismo multilateral en México Christian Skoog, resaltó tras su deceso que “fue un gran amigo y aliado”.

En los últimos años de su carrera se dedicó a investigar la química de la contaminación en la baja atmósfera y colaboró con expertos para enfrentar el problema de la degradación de la calidad del aire en las grandes ciudades del planeta,

Su última gran batalla la dio al impulsar el uso obligatorio del cubrebocas: “lo que tendrían que hacer ya, lo más pronto posible, es obligar el uso de cubrebocas, que sea una medida obligatoria del gobierno para la sociedad, porque solamente de esa manera sabemos que se puede aplanar la curva (…) es importantísimo que las gentes que están de alto nivel en el gobierno usen cubrebocas para demostrárselo a la gente”.

Su Alma Máter, la UNAM dio primero la noticia del deceso de “un distinguido universitario”. El Centro Mario Molina, fundado por él mismo, destacó este miércoles en un comunicado: “parte siendo un mexicano ejemplar que dedicó su vida a investigar y a trabajar en favor de proteger nuestro medio ambiente. Será siempre recordado con orgullo y agradecimiento”.

  • El dato: El 20 de noviembre de 2013, Mario Molina recibió de parte del presidente de Estados Unidos, Barack Obama la Medalla Presidencial de la Libertad.

https://www.razon.com.mx/mexico/adios-unico-nobel-mexicano-ciencias-408129

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