“No somos adversarios, hacemos periodismo”: Ealy Ortiz

EL UNIVERSAL

Nuestro periódico, nuestra empresa multimedia, cumple hoy 104 años de vida, más de un siglo de registrar la historia moderna de México y el mundo. Desde luego, es un motivo de celebración, porque este logro ha sido posible gracias al esfuerzo de todos, al empeño de cada uno de los integrantes de esta casa editorial y también por la fidelidad de nuestros lectores, quienes reconocen en esta institución una guía confiable de información.

Hoy tenemos más audiencia que nunca antes en nuestra historia, en gran medida por la expansión de las plataformas digitales, pero sobre todo porque, sin importar en dónde nos lean, dónde nos escuchen o dónde nos vean, la noticia que producimos en EL UNIVERSAL es siempre certera, veraz y oportuna; es confiable y eso lo avalan estudios y análisis de compañías externas dedicadas a la medición y opinión de las audiencias.

Sin embargo, tenemos que admitir que el éxito de nuestro alcance —en la sociedad mexicana e incluso más allá de las fronteras del país— no puede ser motivo para relajar el paso ni para confiarnos de la posición que hemos alcanzado.

El esfuerzo, el empuje y el entusiasmo deben ser nuestros motores de todos los días.

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Por un lado, hoy está el desafío económico. La pandemia por coronavirus hizo que el actual fuera uno de los peores años en la historia del último siglo en cuanto a desempeño de la economía mexicana. Nuestra empresa no está exenta de esta situación difícil. Sacrificios han debido hacerse para continuar nuestra operación regular y seguir ofreciendo a nuestros lectores la mejor información las 24 horas del día, los 365 días del año. 

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Durante uno de los recorridos por las instalaciones del diario, el Licenciado Ealy Ortiz prueba un linotipo.

A la complicada situación económica hay que agregar otro desafío: el político. Al poder nunca le ha gustado que se le cuestione, que se le critique. Yo lo sé, porque lo he vivido en los casi 51 años que llevo al frente de LOS UNIVERSALES. No gustaba a los gobiernos anteriores que publicáramos los artículos de Heberto Castillo, quien enviaba desde la prisión de Lecumberri sus colaboraciones a nuestra redacción. No les pareció bien que abriéramos la puerta a Manuel Clouthier ni a Cuauhtémoc Cárdenas. Reclamaban los duros textos de Rosario Ibarra de Piedra y de Lydia Cacho. Nunca les agradaron los cartones del finado maestro Naranjo ni del maestro Helio Flores, quien por cierto es una leyenda viviente en el mundo del periodismo.

Ahora no les gusta que publiquemos a Carlos Loret de Mola, a Jean Meyer, a Héctor de Mauleón, a Ana Paula Ordorica, a Sabina Berman y a tantas y tantos otros colaboradores críticos de las políticas de gobierno.

No les gusta, pero lo seguiremos haciendo, ese es nuestro papel y no el de aplaudir a los gobernantes en turno. Porque un sexenio no cambiará la vocación de pluralidad política que ha caracterizado a este periódico desde hace más de 50 años, cuando asumí su conducción.

Son otros tiempos. El Presidente de la República ya no puede decidir qué medios de comunicación se abren o se cierran, como intentaron hacerlo con EL UNIVERSAL en 1996 cuando fui encarcelado de manera arbitraria, simplemente por ejercer el derecho a la libre expresión, un valor de la democracia que ganamos, que defendemos y que defenderemos todo el tiempo.

Es la gente, el pueblo, quien determina qué medios de comunicación permanecen y cuáles cierran. El propio presidente Andrés Manuel López Obrador lo ha señalado: la ciudadanía es sabia, es lista, sabe distinguir cuándo la engañan y cuándo no. Las personas eligen dónde informarse. Ya no existe el monopolio de la información.

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Hace 51 años el Licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz asumió la dirección de El Gran Diario de México. 

Por fortuna vivimos en una democracia en la que incluso un opositor de toda la vida como lo fue Andrés Manuel López Obrador puede llegar a ser Presidente de la República. Y lo es, en gran medida, gracias no sólo a la comunicación interpersonal en internet, sino a que los medios de comunicación exhibieron los errores, los excesos y la corrupción de los gobiernos anteriores, con notas, reportajes y opiniones. Sin importar el color del partido en el poder, eso no debe cambiar.

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Ahora nos encontramos en un momento histórico en el que el poder político cuestiona la veracidad misma de las noticias, a pesar de que existan evidencias detrás de los hechos presentados. Estudiosos de la comunicación en el mundo han llamado a esta etapa la era de la postverdad, en la que el periodismo es atacado desde los gobiernos para poner en duda su objetividad, para utilizar la investidura presidencial para agredir y estigmatizar al periodismo y a los periodistas.

El campeón de esta estrategia es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, una táctica que ha resultado redituable para él y para otros actores en el mundo, quienes se aprovechan de que ahora, gracias a internet, los usuarios pueden leer y escuchar las versiones de la realidad que se ajustan a lo que cada quien decide creer.

Pero los medios de comunicación profesionales debemos combatir esa noción popularizada de que existen “verdades alternativas”, de que existen hechos diferentes a los que se presentan, de que existen otros datos oficiales, y lo debemos hacer con evidencias y con datos duros.

La mejor forma de hacerlo, de mantener nuestro estatus como instituciones confiables de información para la sociedad, es fortalecer el rigor en el trabajo diario y no dejar que la competencia nos haga caer en la tentación de reproducir lo que los poderosos quieren escuchar.

Queremos, como mexicanos que somos, ver realizado ese discurso de justicia social con el que el actual Presidente de la República llegó al poder, pero sabemos que eso no se conseguirá aplaudiendo las decisiones del gobernante, sino vigilándolo para señalar sus errores, con la esperanza de que la ciudadanía decida por cuenta propia.

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La preferencia de los lectores es gracias al esfuerzo de todos, afirma el Licenciado Ealy Ortiz. 

Y en ese camino, es preciso dejar claro que EL UNIVERSAL no es un actor político, un adversario radical, es una empresa dedicada a hacer periodismo, a registrar la historia de México y el mundo, como lo ha hecho desde hace 104 años.

Ese es nuestro compromiso con México. Continuaremos nuestro papel como garantes de la información veraz, objetiva, plural y oportuna, sin importar el color del partido en el poder ni los ataques que recibamos por ejercer nuestra libertad.

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Queridos colaboradores, lo he dicho antes y lo sostengo ahora: México es más grande que sus problemas, México es más grande que sus gobernantes, y esa grandeza es la que EL UNIVERSAL seguirá registrando con profesionalismo y con el compromiso solidario con la sociedad y la democracia mexicana.

Muchas gracias y muchas felicidades a todos por estos 104 años de vida, que ahora celebramos a la distancia, una distancia impuesta por las actuales circunstancias.

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