Opinión: La cruzada contra los ex presidentes

ANDRÉS SÁNCHEZ / EL BIG DATA

El combo que propinó AMLO este año lleva tirabuzón. Arremeter contra sus antecesores para someterlos a juicio, previa consulta del pueblo sabio, es otro de los movimientos de ajedrez que demuestran la genialidad de la perversilla mente que habita dentro de ese cerebro envuelto en cabellito de algodón.

AMLO le está haciendo electorado, lo que el novio nuevo a la adolescente que la obliga a borrar las fotos en Facebook e Instagram con su exnovio. Hasta un abogado de la UACM sabe que jurídicamente la consulta no tiene pies ni cabeza, pero la estrategia del presidente no es esa. El fondo viene por triplicado: utilizar un nuevo distractor de los problemas pendientes por resolver, construir un discurso que le permita ser un actor central frente al proceso electoral de 2021, y el más importante: debilitar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a las instituciones democráticas. Lo que el Presidente busca no es justicia restitutiva hacia el pueblo mexicano.

Lo que AMLO quiere, es precisamente que las instituciones, INE, SCJN, Senado, y todos los lugares a los que les ha enviado la petición de consulta, le den una negativa. Este será el pretexto para la embestida, serán ellos los bloqueadores de la demanda popular, y vendrá la cruzada por su debilitamiento, y si es posible, desmantelamiento.

El distractor
Por respeto a la inteligencia de los lectores, no ahondaré en detalles de lo obvio. Simplemente debo hacer dos comentarios al margen.

1) Nos podrá dar risa, pero la rifa-no rifa del avión-no avión, nos ha distraído con eficacia todo este año. Sin importar la pifia que resultó el sorteo, ocupó mucho más papel y tinta en los diarios nacionales, y muchos más minutos en radio y televisión, que lo que se le ha destinado a analizar el impacto de la crisis económica, las posibles salidas y las acciones concretas que debe tomar el sector público para dar las condiciones necesarias para reforzar al sector productivo. Con seguridad, el único tema que ha tenido más atención en este 2020, fue el coronavirus. Nos quejábamos que Ventaneando, Hoy, y demás programas de tele abierta idiotizan al público, pero nuestra capacidad de análisis a nivel colectivo, sigue siendo básica as fuck.

2) No es posible que después de haber jugado tantas veces la misma ficha, la oposición no haya descubierto un antídoto ante la demagogia del caudillo-eterno candidato. La estrategia de AMLO está más vista que poster de Maribel Guardia en taller mecánico. El mexicano al que le habla el Presidente, sigue siendo uno que evidencia sus frustraciones personales a través de actitudes aspiracionales, como ganar-no ganar un avión presidencial o buscar un juicio sumario para apedrear a los causantes de todos sus males.

Mientras los políticos opositores se concentren en tratar de demostrar que los dichos de AMLO son equivocados, sin acompañarlos de soluciones reales, con un discurso empático, que le hable a la emoción del ciudadano y no a la razón, seguirán siendo presas eternas de hablar exclusivamente de lo que el Presidente quiera. Rounds ganados por AMLO que pueda enumerar de bote-pronto están los abrazos, no balazos; nadie demostró que las despensas no traían gorgojo; las escaleras no se barrieron ni de arriba hacia abajo o viceversa, pero poco importa.

El fondo del discurso es que precisamente no hay fondo técnico. Si alguien duda de la eficacia del método, pregúntese como Trump venció a Clinton, o Bolsonaro a lo que queda de los fans de Lula, o ejemplos de libro de texto que pueden ir desde la izquierda populista de Chávez, hasta el nacionalismo Hitleriano.

Me atrevería a decir que ejemplos opuestos, de líderes bad ass, con más razón que emoción, estilo Vladimir Putin o Margaret Thatcher, es lo menos frecuente de ver. Si la oposición no tiene alguien que se comunique con las masas, es casi-casi esperar que la defensa meta todos los goles. Digo, sí pasa. Pregúntele al Cruz Azul, cuando hasta les anotó Moisés Muñoz, pero si esa es su estrategia, estamos perdidos.

El 2021
Desde el inicio de su gestión, Andrés Manuel ha hecho todo lo posible por ser un actor relevante en la elección intermedia. Su primera intentona fue buscar que la revocación de mandato se diera en la elección de diputados. La idea era brillante. Sin otros candidatos presidenciales que le hicieran sombra, la confrontación se centraría en su proyecto vs el resto. Ya he dado detalles de la contracción de la votación de la izquierda cuando AMLO no está en la boleta electoral. Por esa misma razón, el Presidente necesita un discurso que le permita atacar a la oposición durante todo el proceso electoral.

El mejor repelente posible al desgaste del gobierno, es enfocar ese odio hacia los gobiernos anteriores, y si el pueblo no puede tomar las antorchas y tridentes, será culpa del INE, o de la SCJN, o de las demás instituciones corruptoras que solamente tienen la Constitución de su lado, cuando el Presidente tiene al pueblo. Veremos al Presidente más invasor de la vida electoral de la historia reciente. Apuesto triple contra sencillo, a que la jugará en la línea, el INE hará algún exhorto para que AMLO no opine o intervenga en las campañas electorales, y habrá berrinche en la mañanera, donde nuevamente el Presidente dirá que él acata lo que diga la autoridad, pero que el INE es un referee mafioso que busca censurarlo, cuando su única motivación desinteresada es ayudar al pueblo de México.

AMLO vs las instituciones
El bono democrático que recibió Andrés Manuel en 2018 ha sido el más grande de la historia de nuestro país. Con esa fuerza electoral, una política centralista, avasalladora del legislativo y controversial con el judicial ha sido el día a día del quehacer político. Entre más débiles sean las instituciones autónomas y los otros dos poderes frente al Ejecutivo, será más fácil retirarles facultades presupuesto y poder.

El poder judicial es esa caja negra sin rostro, pero con alcances inimaginables al que todo ciudadano odia. Desde ministros, magistrados, jueces o hasta el chalán del actuario es visto como un gran ser corrupto. Sin embargo, ningún ciudadano promedio puede nombrar a más de uno o dos ministros de la Suprema Corte de Justicia. En caso que el criterio jurídico más básico le niegue el capricho a AMLO de enjuiciar (sin elementos) a los ex presidentes, se buscará nuevamente el debilitamiento de la institución. Ya pasó con la dimisión del ex Ministro Medina Mora. Así que pase lo que pase, AMLO gana. Si le cumplen el berrinche, la Corte habrá agachado la cabeza y el Presidente tendrá un distractor poderoso para hacer campaña el próximo año. Si le dicen que no, viene la embestida, se construye el discurso contra el poder judicial y el distractor sólo muta, pero permanece. Y mientras esto pasa, la oposición tiene casas de campaña vacías en el Zócalo, y un dedo urgándose la nariz.

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