Que desaparezca el CIDE… y la UNAM, la UAM, la UACM, el IPN…

CARLOS ARTURO BAÑOS LEMOINE / EL ARSENAL

Primero se dijo que el presupuesto del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) se reduciría en un 75%. Ya saben: la “austeridad republicana”, esa cosa que aplica de forma irracional el gobierno de la Cuarta “Transtornación” Mental, como si todo recorte fuese, por sí mismo, una virtud administrativa.

Resultan notorias las pésimas capacidades administrativas del gobierno de López Obrador, que en su papel teatral de “pobrecito” sólo demuestra su miseria en más de un sentido.

Y por supuesto que no lo digo para defender al CIDE, institución que, gracias a negociaciones con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), finalmente logró mantener su presupuesto original.

La verdad es que yo estoy plenamente convencido de que instituciones como el CIDE deben desaparecer, así como deben desaparecer la UNAM, la UAM, la UACM, el IPN, etc.

Igualmente creo que deben desaparecer las instituciones “cobra-colegiaturas”, como la UIA, La Salle, la Universidad Panamericana, la UVM, el ITAM, la Anáhuac, etc.

¿Por qué? Simple, y ya lo he dicho en otras ocasiones: porque todas esas instituciones “educativas” son rémoras, son cuerpos enfermos y obsoletos, son espacios ineficientes y costosos… ¡huelen a polilla y a carne podrida!

Todas esas instituciones, en general y en conjunto, siguen ancladas en una forma autoritaria y cara de educación: la forma de las mafias sindicales, el aula, el horario, el docente-burócrata frente al alumnado, el pizarrón o pintarrón, el período fijo (semestre, trimestre, etc.), el traslado pesado y contaminante, el adoctrinamiento ideológico, los condiscípulos desagradables, las muchas horas perdidas, el tedio de la rutina, la aplicación programada de exámenes, etc. Eso que se ha dado en llamar la “educación tradicional”… ¡una verdadera porquería!

Se trata de instituciones “educativas” que no han entendido el alcance de la revolución digital que estamos viviendo; una revolución que puede poner al alcance de todos los seres humanos todo el saber hasta ahora generado, y también el que esté por generarse.

Por primera vez en la historia de la humanidad, el ciberespacio y el Internet nos colocan ante un escenario de educación universal en línea para todas las personas, para todos los niveles y para todas las áreas del conocimiento. Prácticamente ya todo se podría hacer en línea. Pocas serían las prácticas que tendrían que realizarse in situ.

Estamos hablando de tiempos nuevos, donde bastaría con colocarnos frente a un dispositivo electrónico de actualidad (smartphone, tableta, laptop, PC, etc.) para acceder a plataformas de aprendizaje autónomo, donde todo el mundo tendría la oportunidad de encontrar lecturas, videos, actividades, ejercicios, tareas, simuladores, chats, sugerencias de avance, aplicaciones educativas, auto-evaluaciones, etc., para alimentar su mente y para avanzar a su propio ritmo.

En el nuevo universo educativo, o sea, la educación universal en línea, el estudiante sería de verdad el centro del proceso: no las mafias sindicales, no los burócratas gubernamentales, no los traficantes de colegiaturas, no los padres holgazanes…

Los estudiantes avanzarían según su propia sed de conocimientos, que es como se debe avanzar siempre. Y, claro, irían acumulando los créditos establecidos para obtener las certificaciones oficiales: boletas, títulos, licencias, cédulas profesionales, etc.

Todo el dinero que el gobierno y la sociedad están desperdiciando en la alimentación de esos monstruos institucionales obsoletos y parásitos (CIDE, UNAM, UAM, UACM, IPN, UIA, La Salle, la Universidad Panamericana, la UVM, el ITAM, la Anáhuac, etc.), mejor debería ser canalizado a un sistema de educación universal en línea, donde los actores privados sean los principales agentes del aprendizaje, y donde las instituciones gubernamentales sólo existan para reconocer los conocimientos adquiridos y para otorgar las respectivas certificaciones.

Sí, algunos dirán que es una utopía. Yo digo que es cuestión de tiempo y que mucho bien le haremos a la humanidad si aceleramos este proceso.

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Este artículo de análisis, crítica y opinión es de autoría exclusiva de Carlos Arturo Baños Lemoine. Se escribe y publica al amparo de los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cualquier inconformidad canalícese a través de las autoridades jurisdiccionales correspondientes.

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