Opinión: El aula de David Huerta

ALBERTO CHIMAL / MILENIO

El poeta mexicano David Huerta (1949) recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2019. Su carrera como escritor abarca casi 50 años, desde la publicación de El jardín de la luz (1972) hasta el presente, y pasa por libros cruciales de la poesía mexicana moderna, como Cuaderno de noviembre (1976), Versión (1978), Incurable (1987) o Historia (1990). Entre otros de los premios que ha ganado están el Xavier Villaurrutia y el Nacional de Ciencias y Artes. Además de ser un gran experimentador de diferentes formas y aspiraciones poéticas, es un hombre íntegro y comprometido, como lo demuestran sus escritos sobre el Movimiento Estudiantil de 1968 —del que fue parte— o su poema “Ayotzinapa”, que dio la vuelta al mundo en 2014.

No podría decir mucho más, ni hacer una mejor apreciación de su poesía, porque no soy poeta. Como dijo un amigo sabio, tengo los poemas que lo demuestran. Pero resulta que todavía hay más en la obra de David Huerta: durante décadas, además de su propio trabajo creativo, ha sido maestro. Generaciones de poetas, narradores, ensayistas, críticos (lectores, al fin) se han formado con él. Nos hemos formado.

Además de las materias que ha impartido en la UNAM o la UACM, ha dado cursos diversos, seminarios y talleres. Yo tuve la oportunidad de participar en un seminario que abrió, con preferencia para personas de los estados del país, lo que entonces se llamaba el Conaculta. Entre 1991 y 1998, nuestro grupo se reunió una semana cada noviembre para hablar siempre de un tema distinto, desde la obra de Octavio Paz hasta el canon literario. Nos preparábamos todo el año y al llegar presentábamos ponencias, polemizábamos, aprendíamos no solamente la pasión por el lenguaje, o por los muchos temas de la literatura, sino el valor de la lectura atenta, la curiosidad, la capacidad de trabajo que David evidenciaba todos los días y que jamás fue menor que la del más esforzado de nosotros. Algunos compañeros se han hecho famosos, otros no; todos nos quedamos para siempre con la certeza de que la literatura puede ser una parte de la vida misma, y una que merece ser apreciada y compartida.

David Huerta tiene 70 años: la edad que Dante Alighieri imagina que alcanzará en el comienzo de la Divina Comedia, y que no alcanzó. Ya es de nuestros videntes, de quienes han hecho de su vida la búsqueda de las maravillas del lenguaje, que van a buscar y luego regresan a contarnos. Y sé que seguirá con nosotros durante mucho tiempo, creando y enseñando. Felicidades, y gracias, David.

Para buscar en la FIL

Para quien desee leer poesía, o al menos no se oponga a descubrirla (a que se le ponga delante), hay muchas editoriales estupendas que ofrecen por igual textos clásicos y poesía emergente. Es un mundo no menos diverso y poblado que el de la narrativa o el ensayo. Algunas de esas editoriales son Hiperión, Visor, Era (que ha publicado la mayor parte de la obra del propio David Huerta), Fondo de Cultura Económica, Almadía, Adriana Hidalgo, Cuadrivio… Como cada año, dejo la invitación: si se encuentran un gran libro, me avisan.

https://www.milenio.com/opinion/alberto-chimal/el-buscador/el-aula-de-david-huerta

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