Marcelo Ebrard, el canciller de grandes logros y ‘dolorosos’ tropiezos que supo lidiar con Trump

EL FINANCIERO

Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó a México con medidas arancelarias a finales de mayo si no frenaba el flujo migratorio ilegal a su país, pocas cosas estaban claras en el gobierno mexicano para enfrentar una crisis de esta dimensión. Una de ellas era que Marcelo Ebrard encabezaría ‘una misión casi imposible’ al coordinar los esfuerzos nacionales para llegar a un acuerdo con el republicano.

Y no fue únicamente por su rol como canciller. En el pasado reciente, arreglos de ese tipo habían sido encabezados desde las secretarías de Hacienda y Economía. La razón fue porque, de todo el gabinete del presidente López Obrador, Ebrard es quizá el político más formado, de mayor experiencia en la administración, con una fuerte imagen política, y, no poca cosa, de los más leales.

Sin reparos, la fuerte confianza de Ebrard como funcionario lo ha hecho rodearse de elementos preparados para hacerse cargo de los proyectos y programas en turno. Sabe que para prender luces se necesitan personas expertas y dispuestas.

Licenciado en Relaciones Internacionales por el Colegio de México, Ebrard ingresó a la vida pública desde mediados de los ochenta. Para 1992, era secretario general de gobierno del regente del Distrito Federal, Manuel Camacho Solís, y en 1997 fue electo diputado federal. Luego tuvo una trayectoria política diversa, fue candidato presidencial del Partido del Centro Democrático y obtuvo menos del 1 por ciento de los votos en 2000. Fue con la llegada de López Obrador a la Jefatura de Gobierno capitalina que Ebrard dio el ‘salto’ como secretario de Seguridad Pública de la entidad, disminuyendo 9.2 por ciento los delitos.

Sus cercanos dicen que es afable y de grandes logros, pero también de dolorosos tropiezos.

En 2004, Ebrard dejó su cargo tras el linchamiento de tres agentes de la extinta Policía Federal Preventiva en Tláhuac.

Ebrard volvió un año más tarde como secretario de Desarrollo Social capitalino y, en 2006, se convirtió en Jefe de Gobierno, siendo el primero en cubrir todo el periodo al frente de la administración de la Ciudad de México. Su mandato ha sido uno de las más reconocidos de los últimos años, especialmente por el combate a la inseguridad, las iniciativas en pro de los derechos sexuales y reproductivos, así como la ampliación de la infraestructura de transporte.

Dos grandes manchas de su administración, sin embargo, son el operativo fallido en el antro News Divine en 2008, que dejó 13 jóvenes muertos, y las costosas irregularidades de la Línea 12 del Metro que -apuntan- se le ‘salió de las manos’ por una falla operativa en la delegación de cuentas y actividades.

En 2012, Ebrard buscó la candidatura presidencial desde la izquierda, no obstante, declinó un sitio que parecía seguro por su popularidad y aceptación a favor de López Obrador, quien perdió la elección frente a Enrique Peña Nieto.

Antes de unirse a las filas de Morena, el actual canciller de México viajó a Francia y posteriormente a Estados Unidos, lejos de la vida pública del país.

Ahora, Ebrard ha vuelto como una figura que cobra fuerza en un gobierno donde parece que solo el presidente importa. Rodearse de gente capaz le ha servido al canciller para abrirse paso en medio de la crisis permanente que es lidiar con Trump y su nombre vuelve a sonar para el futuro, especialmente tras la conjura de la amenaza arancelaria. Al final, parece que otra de las virtudes de Ebrard es saber escuchar y esperar. 

 

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