Los fotógrafos también pintamos con luz, señala Antonio Turok

REYNA PAZ AVENDAÑO / LA CRÓNICA DE HOY

Un joven zapatista rompe la fila para apuntar su rifle a la cámara que sostiene Antonio Turok (Ciudad de México, 1955). El fotógrafo logra capturar la imagen, la primera que a nivel mundial dio a conocer lo que en 1994 estaba sucediendo en Chiapas. Así lo recuerda Turok, quien presentará el domingo 24 de febrero en la 40 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM) su reciente libro: La fiesta y la rebelión.

En entrevista, el acreedor al Mother Jones International Fund for Documentary Photography Award (1994) y la Medalla al Mérito Fotográfico 2018 de la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), narra que esa imagen del joven apuntándole es la metáfora de un despertar indigenista.

“Fue la primera foto que se conoce a nivel mundial sobre lo que estaba sucediendo en Chiapas. Fue a las seis de la mañana cuando están entrando los zapatistas y obviamente le apunté con la cámara y él me apuntó el fusil, pero con un sentido de aprobación. Es él diciéndole al resto del mundo: ahora nosotros seremos los dueños de nuestra imagen”, recuerda el fotógrafo.

No fue una amenaza, añade, sino un sentido de decir: “hemos sido abandonados durante 500 años de ser conquistados, aplastados y ser ignorados. Ésa es la visión que veo, no es que me quiera disparar a matar, él quiere decirle al resto del mundo: estamos ya despertando”.

El libro La fiesta y la rebelión, editado por Era, reúne 100 fotografías del trabajo de Turok como corresponsal de guerra en Nicaragua, El Salvador y Guatemala en la década de 1980, así como del levantamiento zapatista de 1994 y del movimiento de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) en 2006.

— Pareciera que los conflictos te buscan, te persiguen…

— El fotógrafo nada busca. Hay que encontrar las cosas, es muy importante eso porque si andas perdido en el universo buscando qué llega, no va a llegar nunca nada.

“Yo estaba viviendo en Oaxaca porque me fui de Chiapas para tomar mezcal, comer chapulines y tlayudas, para no vivir los conflictos, pero me alcanzó el movimiento, otra vez y así me pasa siempre que voy a un lado. Me fui a Nueva York a comprar una cámara y mira todo lo que pasó: tumbaron las Torres Gemelas. ¿Soy un fotógrafo con suerte o con mala suerte?”, sonríe.

— ¿Es cierto que las comunidades chiapanecas son difíciles de fotografiar?

— Viví en Chiapas 28 años. Conocí comunidades indígenas que no habían visto a un hombre blanco y que no habían salido de sus comunidades. Cuando llegué, las mujeres agarraban a sus hijos y los escondían porque pensaban que les haría algo.

“Sobre la reticencia… si alguien me apunta una cámara voy a tener reticencia, no es exclusivo de estas comunidades. Hay que convivir antes de sacar la cámara y eso te abrirá un espacio. No todo el mundo quiere, siempre he respetado eso, si alguien no quiere, no lo fotografío”, responde.

Antonio Turok platica que fotografía a la gente que se deja tomar fotos porque todo es “con buena voluntad”.

“Mis imágenes tienen un sentido humanístico, no partidario, no pertenezco a ningún partido político. Mis fotos son testimonios de situaciones, lugares, momentos, de curiosidades. De pronto me pregunto ¿por qué quiero tomar una foto de esto? porque me está diciendo algo, es como un reflejo, es como moverse en el espejo y decir: aquí me identifico, esto es parte de mí”, explica.

— ¿El blanco y negro es una elección personal?

— Sí, tengo más control. Allá en los años 70 del siglo pasado iba a mi primer cuarto oscuro que estaba montado en mi pequeño baño. Creo que el color es muy aburrido, es para pintores, ellos sí saben usar el color. En general, la fotografía no es buena para el color porque hay que estudiar qué colores se llevan con las cosas, como lo hizo Tamayo, uno de los grandes coloristas de todos los tiempos.

—¿Manipulas las imágenes cuando imprimes?

— Sí. No hay una foto que salga perfecta. Los fotógrafos también pintamos con luz. Ésa es la parte donde la foto ha sido menospreciada, somos tan artistas unos como otros, no entiendo por qué no le dan la misma importancia.

“La fotografía es más complicada que la pintura. Tienes que salir a descubrir lo que quieres hacer, el pintor no porque se puede quedar en su estudio y borrar lo que no le gustó. Los fotógrafos tenemos un instante, un clic, y todo tiene que suceder en ese clic”, señala.

Otro elemento difícil y propio de la fotografía, añade, es estar en el lugar. “Debes ponerte en el lugar perfecto, tienes que convencer al que está enfrente de ti, de que lo que estás haciendo está bien”.

— ¿Sigues tomando fotografías análogas?

— Hoy es muy caro hacer esa fotografía, pero todavía me encanta tomar con película, es más mágico porque tomas la foto y luego te tienes que esperar hasta que encuentres cómo revelar el rollo. Es otra manera de usar el concepto tiempo.

Los jóvenes todo lo quieren instantáneo. Yo me iba a la guerra con 30 rollos para dos meses, podía tomar mil fotos y hoy te puedo tomar esas mil fotos en medio día. Ahí se pierde la magia.

http://www.cronica.com.mx/notas/2019/1110709.html

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