Repartidores de comida, los “esclavos modernos” de las apps

LA SILLA ROTA

Javier Roldán es repartidor de comida a través de una aplicación. Describe a su trabajo como “la esclavitud moderna”. No firman contrato. Les dicen que son socios, pero en la práctica no es así. Sola una empresa les da seguro. No les dan capacitación. Sin embargo, la flexibilidad de los horarios y la escasa oferta laboral lleva, principalmente a jóvenes, a aceptar las condiciones que las empresas trasnacionales les ofrecen.

De las compañías que ofrecen el servicio de comida rápida a domicilio en la Ciudad de México están: Delivery, Posmate, Sin Delantal, Rappi, Uber Eats y Cornershop, aunque esta última es para pedidos de supermercado. Funcionan mediante aplicaciones en tabletas o celulares y fungen como intermediarios entre el cliente y restaurante. El repartidor es “contratado” como socio y recibe una comisión por pedido de hasta el 35 por ciento, dependiendo de la plataforma.

Además de las malas condiciones laborales a las que se enfrentan los repartidores, también batallan cada día con la infraestructura urbana de la Ciudad de México que solo está pensada para automovilistas.

Hace unas semanas falleció el ciclista José Manuel Flores, luego que lo atropellara un camión en San Antonio y Periférico mientras iba a entregar un pedido. Era su primer día en Uber Eats. Antes trabajaba en Rappi, por eso el joven cargaba una mochila de esa empresa. En lo que va del año, asociaciones civiles han contabilizado entre 18 y 20 muertes de ciclistas.

Roberto Cruz Peña, abogado por la UNAM con especialidad en derecho laboral e integrante de la asociación civil Bicitekas, señala que los repartidores de comida forman parte del nuevo mercado de trabajo que se ha desarrollado a partir de las redes sociales. “No tienen ningún derecho. No son trabajadores. Son prestadores de servicio. Es una situación global y no solo es una cuestión de México”.

Pese a todo, cada vez son más las empresas con este tipo de esquema que se instalan en México y sobre todo en la capital del país. Por un lado la falta de regulación permite que no paguen impuestos, por ser compañías extranjeras y virtuales, explica Cruz Peña. Esto ocasiona que sea atractivo para los inversionistas.

A su vez, la flexibilidad en los requisitos y horarios se ha convertido en una opción rentable para jóvenes con pocas expectativas de encontrar un trabajo en un mercado laboral cada vez más competitivo. Además, les permite estudiar o realizar alguna otra actividad.

TIENE SUS VENTAJAS

Repartidores consultados por LA SILLA ROTA comentan que trabajar en estas plataformas tiene sus ventajas. Eso ha llamado la atención de jóvenes que estudian y buscan un ingreso extra. Tal es el caso de Jaqueline y Axel.

Jaqueline Ferreira hace dos años entró a trabajar a Rappi. Después se dio de alta en Uber Eats. Reparte comida para las dos aplicaciones y además estudia Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), donde va tres veces por semana. Eso le da tiempo de hacer entregas.


Las ganancias que generamos es para nuestros estudios, hay quienes también tienen sus familias y mucho de lo que sacan de aquí es para sus hijos. Hay quienes solo trabajan en Rappi y solo se dedican a esto.

Jacquiline tiene 22 años y se las ingenia para trabajar en los dos servicios. Cuando los pedidos están bajos en una plataforma abre la otra y donde caiga el viaje lo toma. En ocasiones no hay mucha actividad ni en Rappi ni en Uber Eats, aprovecha para ir a descansar y hacer base en una banca que está sobre el camellón de Álvaro Obregón esquina Orizaba en la Roma.

En esa colonia y avenida hay muchos restaurantes y negocios de comida. Ese punto es estratégico, no solo para Jacqueline, sino para los repartidores que operan en la zona como Axel Sandoval Cruz, quien también suele hacer base en dicha banca.

El joven de 19 años estudia en las mañanas el último año de preparatoria y en las tardes trabaja como repartidor de Rappi desde hace tres meses. “Soy nuevo en esto. Voy poco tiempo a la escuela, por lo que no tengo mucha bronca, pero luego me dicen que en vacaciones muchos chavos entran a las plataformas y entonces baja el trabajo para los que estaban, porque se pelean los pedidos”.

Resalta que una de las “bondades” es que no se trabaja diario y es muy fácil entrar. Lo eligió porque llevaba tiempo buscando donde emplearse. De los requisitos que le pidieron fue ser mayor de edad, tener bici o moto, teléfono con internet.

“Una amiga me platicó de que si le trabajas tanto tiempo no te va tan mal o si un día tienes un compromiso y no vas, puedes faltar y nadie te dice nada. Es que es muy flexible. Pagan por pedido. Para mi es como un trabajo de medio tiempo. En promedio saco unos mil o mil 500 a la semana. Y de ahí pago el plan de mi teléfono, para salir con amigos, comida, cosas de la escuela”.

Relata que fue fácil y rápido entrar a Rappi. También se maneja por la modalidad de socios. En su caso fue a las oficinas, lo capacitaron en cómo utilizar la aplicación, lo activaron en el sistema y comenzaron a caer los pedidos.

“La mecánica no es muy complicada. Te dan de alta, llevas tus papeles: la credencial del INE, carta de antecedentes no penales, acta de nacimiento, el CURP. Los documentos que te piden en cualquier trabajo.

Javier, repartidor en motocicleta, comenta que las ganancias dependen del día, la hora y demanda. Hay quienes trabajan por 100 u 200 pesos. Los que entran de nuevo ingreso con 200 se conforman. Hay quienes están todo el día, hasta 12 o 14 horas o solo trabajan los fines de semana.


“El sueldo aproximado, para uno que trabaja, no tan matado son de tres mil pesos, descontando la gasolina, el mantenimiento de las motos, los alimentos en la calle, el plan de datos, ya con eso se ven muy mermadas las ganancias en Uber Eats. Por eso se tienen que hacer muchos más viajes o darse de alta en otras aplicaciones, porque de alguna de las otras cae trabajo”.

TAMBIÉN TIENE SUS RIESGOS

Para Jaqueline esta forma de autoempleo también tiene sus desventajas. Las personas ganan dependiendo del número de entregas que hacen. En un buen día, normalmente los domingos, ella llega a hacer hasta 18 viajes. Eso implica que tiene que llegar rápido a sus destinos.

Ella y Axel viajan en bicicleta. Eso los hace más vulnerable a los peligros y a los riesgos de accidentes viales o la inseguridad pública. Las empresas no se hacen responsables de cómo los repartidores realizan las entregas o si tienen las medidas necesarias para su seguridad o si son asaltados. Los argumentos son porque no son empleados, sino socios, y cada quien es dueño de su protección.

Axel menciona que traer casco o protecciones es a elección de cada repartidor. En Rappi no es algo que pidan de manera obligatoria.

“Nos dicen que no nos dan seguro, porque dan por hecho que somos socios, tal cual, no somos empleados. Estamos desprotegidos. A veces si es bien pesado porque traes el reloj que va bajando del pedido y la presión del cliente y que todo llegue bien. Tenemos que estar todo el tiempo a las vivas”.

El joven dice que luego por la presión del tiempo los repartidores se tienen que meter en una calle en sentido contrario o pasarse los altos. En gran parte por la falta de una infraestructura ciclista.

“Sabemos que tenemos que llegar rápido y muchas veces la forma para pasar del otro lado es invadir una avenida peligrosa, pero es que tampoco hay vías para los ciclistas. A lo mejor en calles de la Roma o Condesa si hay ciclovías. Pero en avenidas grandes no hay cruces para ciclistas. Eso es una desventaja. No nos queremos ir lejos o pasar por avenidas o desniveles. Tiene su parte de riesgo”.

“La infraestructura urbana no está pensada para ellos”

Jazmín Viramontes, directora y cofundadora de CAMINA Centro de Estudios de Movilidad Peatonal, señaló que la Ciudad de México ha enfocado la mayoría de sus recursos a espacios destinados al automóvil.

 


Se han creado segundos pisos, se han hecho ejes viales, siempre se repavimentan las calles para los autos. Al incentivar más el uso del automóvil genera más altas velocidades en las calles, lo cual significa que todos estamos en peligro, porque la velocidad es lo que nos está matando en las calles. Está el caso del repartidor de Uber Eats o los casos de las personas con Ecobici.

Resaltó que en caso de accidentes viales la culpa no la tiene el peatón ni ciclista, sino “quienes están promoviendo y proveyendo de una infraestructura planeada solamente para un tipo de usuario, cuando en toda la ciudad habemos muchos tipos de usuarios en la calle”.

Los ciclistas y peatones han creado estrategias debido a que las calles no están pensadas para ellos, sino para los autos y por eso muchas veces se ponen en riesgo. En ocasiones circulan en sentido contrario o por las banquetas.

Para Ari Santillán, coordinador de proyectos de comunicación en CityEs Global, una plataforma que desarrolla estrategias de movilidad urbana, enfatiza que rodar en una ciudad como ésta, tiene su riesgo y más para los repartidores de comida.

“Rodar con peso en cualquier lugar, implica un riesgo y se necesita aprender a mantener el equilibrio, el punto de gravedad. Esto puede generar situaciones de muy alta vulnerabilidad. La bicicleta es un vehículo noble. Todos aprendimos a andar de niños en ella. El casco puede ayudar en caso de una caída, pero si los arrollan, no va a ser suficiente. Si no lo usan no se vale revictimizar”, dice el también activista de la bici.

Ari, el joven ciclista que se volvió famoso luego que Lord Audi lo arrollara, agrega que se tiene que voltear a ver y llamar la atención de las condiciones laborales en las que trabajan los repartidores, así como a la misma dinámica. “No se puede obviar el hecho de qué sean ciclistas y saben andar. ¿Qué clase de capacitaciones se les está ofreciendo o talleres de manejo defensivo, ¿los invitan a usar casco o luces?”

NO CUENTAN SEGURO NI CONDICIONES LABORALES

De las empresas que operan en México, solo Uber Eats les proporciona seguro en caso de accidente o muerte en horas de trabajo. Esa medida apenas se implementó hace unos meses.

Jacqueline señala que cuando un compañero de Rappi sufre un accidente o fallece atropellado mientras está en servicio, son los repartidores que arman una cooperación entre ellos para los gastos funerarios o médicos.

 


En los dos años que llevo trabajando en Rappi me ha tocado ver 10 casos; 5 que han sobrevivido y recuperaron en el hospital o casa, y 5 de que murieron. En todos, nosotros ayudamos a las familias.

Javier Roldán es motociclista y socio repartidor de Uber Eats desde hace seis meses. Antes estuvo en Rappi.  Menciona que el seguro que les ofrece la compañía islandesa abarca daños a terceros, a otros vehículos (al propio no), gastos médicos y funerarios. Todo eso aplica si están activos en la aplicación. Lo que no cubre es robo del vehículo o del celular.

“Me dijeron que estamos cubiertos a partir de que nos conectamos hasta que nos desconectemos, aunque no tengamos pedidos”.

Javier está conforme con la flexibilidad que ofrecen las plataformas “por eso trabajamos aquí”, pero no con las condiciones laborales.


Lo que no nos gusta es que ellos toman las decisiones de todo y nunca se nos consulta nada. Supuestamente somos socios, pero en realidad decimos entre la banda repartidora que somos esclavos modernos. Es como la esclavitud moderna. Nosotros no firmamos contrato, nuestro contrato supuestamente es como algo virtual, se llama términos y condiciones.

También están expuestos a asaltos. “Hace 15 días me asaltaron, me golpearon y me secuestraron con mi moto. Hablé a la aplicación y solo me dijeron ´cuídate´. Me robaron mi teléfono y dinero. Nunca me ofrecieron nada. Tuve que comprarme otro para poder trabajar”.

Debido a los riesgos que están expuestos, Roldán comenta que en grupos de Facebook se están organizando para exigir a las empresas que les den una capacitación integral; seguridad, desde vial hasta pública, así como que respeten las ganancias. “Pedimos que nos consulten cada movimiento que quieran hacer en la aplicación. Supuestamente somos socios”.

El nuevo gobierno tiene que regular las empresas: abogado

El abogado laboral, Roberto Cruz Peña, apunta que los repartidores no son trabajadores. No están protegidos por nada. Son prestadores de servicios. Es una nueva tendencia laboral en México y en el mundo.

 


Esos ciclistas no tienen ningún derecho laboral. Ellos son prestadores de servicios profesionales, es decir independientes. Son los trabajos que trae el nuevo mercado laboral a partir de la tecnología. No hay una regulación. No pueden demandar a Uber Eats o Rappi porque no tienen domicilio aquí. No pagan impuestos. Ese es el problema a nivel global de muchas empresas que trabajan en internet.

Cruz Peña reiteró que el nuevo gobierno federal tendría que impulsar una regulación a través de una reforma constitucional para que las transnacionales virtuales paguen impuestos, además de promover un acuerdo internacional.


Ahorita no puede hacer nada. Tendría que haber una reforma constitucional. Es un tema grandísimo. Tendría que haber acuerdos internacionales. En Europa están en el debate para que estás empresas tienen que pagar impuestos por las operaciones que hagan en su país. Pero es una cuestión de territorialidad y de jurisdicción.

 

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