OPINIÓN: Río revuelto

CARLOS ORNELAS / EXCELSIOR

La consigna de retomar la rectoría de la educación era legítima. El régimen ha logrado avances importantes y cambios institucionales que a cualquiera le será difícil echar para abajo, pero el Presidente no las tiene consigo; se equivoca si piensa que el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Nueva Alianza canalizarán a los maestros a que voten por sus candidatos.

Hoy, todos quieren cobrarle al Presidente que va cuesta abajo. Sin embargo, la Presidencia todavía tiene herramientas que utilizar. Van unas viñetas; pro y contra:

Primera. El Presidente coronó la liturgia del 15 de mayo con una oratoria edificante para los maestros, una defensa del modelo educativo y las acciones de la Reforma Educativa. Empero, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación también hostigó con su ritual. Aunque no con la cantidad de militantes que hace unos años, cientos de maestros disidentes marcharon del Auditorio Nacional a las cercanías de Los Pinos y luego a la Secretaría de Gobernación. Su demanda real: que se rehagan las negociaciones de ellos con la Segob. La exigencia de derogar la Reforma Educativa es la punta de lanza de la propaganda, el apoyo a los 43 de Ayotzinapa es para buscar adeptos.

De allí salieron destemplados. Se confirma, el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, lleva la voz de mando en la negociación política. Ése fue el plus, el Presidente no cedió.

Segunda. Reforma publicó que de 2013 a 2016 la Secretaría de Educación Pública transfirió al SNTE mil 730 millones. Un dineral que, bajo el pretexto de difundir los beneficios de la Reforma Educativa, ensanchó las arcas del SNTE, pero aportó poco de convencimiento en el gremio.

Entiendo que la SEP busque aliados para defender y difundir la reforma, pero hacerlo con el SNTE es abonar ofrendas al adversario. El corro que antes encabezaba Elba Esther Gordillo y hoy capitanea Juan Díaz de la Torre es el enemigo número uno de la Reforma Educativa. Ha sido el más afectado por la porción laboral de esa reforma y se vio obligado a marchar, codo con codo, con la SEP para legitimar algo que le lastima. Pero como hay averiguaciones previas contra la mayoría de los integrantes de ese grupo, agachan la frente, se equipan de paciencia y esperan el momento para resurgir. Las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina. Allí levantarán la cabeza.

Tercera. La nota política de fin de semana fue el resurgimiento de la señora Gordillo. La presencia de su exvicario, Rafael Ochoa Guzmán, y su yerno, Fernando González Sánchez, en un mitin de la candidata de Morena al gobierno el Estado de México desató especulaciones. Éstas están a la orden del día, que si una alianza contranatural, que si es por venganza, que si es para presionar al gobierno y alcanzar la prisión domiciliaria. Lo único cierto es que EEG no deja de hacer política y juega sus cartas.

No importa que González Sánchez diga que el apoyo a Delfina Gómez Álvarez es a cambio de nada, que es por afinidad de gremio. Lo interesante sería saber cómo Andrés Manuel López Obrador acepta esa propuesta de pacto. Por lo pronto fue cauto. Dio la bienvenida a los maestros, no atacó a Elba Esther Gordillo, pero aceptó el apoyo de sus delegados en el Edomex.

A fe mía que AMLO se deslindará de EEG después de las elecciones de junio. Hay muchos agravios mutuos y, además, esa coalición quizá le traiga más negativos que activos para el 2018.

El paisaje político nacional es convulso. La Reforma Educativa es como una diana a la que muchos tiradores apuntan. Además, la violencia, la inseguridad, la corrupción y el desgaste de las instituciones abonan al daño no sólo del Presidente, sino del sistema de partidos. Un río revuelto lleno de lodo.

A pesar de que va de salida y que el índice de aprobación ciudadana es bajo, el Presidente sigue siendo el actor político más poderoso. Pero necesita algo más que buenos discursos y ceremonias para romper el círculo que lo encierra, digo, si en realidad quiere proteger la Reforma Educativa.

http://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-ornelas/2017/05/17/1163966

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